jueves, 28 de noviembre de 2013

La moral de torpes

Perdonen el siguiente exordio:

Desde hace poco hay un pensamiento que se encajó en mi filosofía. Uno que puede ser malo, pero también; bueno. En realidad es un sentimiento, quizás, con tiempo de vencimiento como todas las emociones. 
Moral, ¡cuánto te odio! Moral de máximos y moral de mínimos.

Pocas cosas recuerdo, en verdad, de mi clase de ética periodística. Pero saber que existe esa medición de desgracias y oportunidades logra agotar esa tolerancia de las que muchas veces dudo que exista. La moral es una maldición impuesta bajo los más férreos temores y dogmas, la que nos ha convertido en jueces y señores de actos ajenos, con capacidad propia de saber qué está bien y qué está mal en una mente ajena.

¿Por qué algunos se toman el descaro de juzgar a alguien porque se recrea viendo pornografía? ¿Por qué lo llaman algo inmoral? ¿Por qué las personas no pueden hacer sus cosas libremente? ¿Somos una sociedad tan reprimida?

El catalizador de estas dudas existenciales es el video que he incrustado al final de este demencial escrito. Ya ustedes juzgarán por qué no lograremos tener éxito en la vida, acostumbrados a imponer nuestra pobreza, la razón por la cual vivimos centrados en la miseria intelectual y social. Nadie puede ser mejor que nosotros; todos debemos ser igual de acomplejados.

Eso somos nosotros. Unos avaros.


martes, 26 de noviembre de 2013

Un mes

Jamás pensé que tomaría más de un mes para escribir este post. Sostener la hipócrita esclavitud de un blog es un reto, más para las personas que creemos que escribir no debe ser ningún tipo de obligación.

Tampoco es un máximo moral escribir por escribir. Aún menos aparentar letras que no tienen tacto, que nada cuentan; que están vacías. En realidad somos injustos con la escritura. Tan acostumbrados estamos a las locuacidades que preferimos no dejar pruebas y vestigios de nuestros pensamientos. Es delicado saber que nuestra frugalidad de reflexión se vuelca a una oralidad pobre y hablada en argucias. 

Pero ése no es el tema. El tópico que trato hoy es un lamento hondo ante todas las oportunidades que nos brinda el diario de poder escribir y relatar momentos cortos, fugaces, y quizás triviales, que nunca acostumbramos a valorar. Existe un sentimiento que causa el recuerdo, una emoción que permite compartir a los más cercanos una experiencia que puede perdurar indefinidamente en la memoria y que, también, puede generar secuelas o consecuencias, al menos. 

Sin embargo, los defensores de lo indefendible me juzgarán. Mis congéneres y quienes hacen parte del posible crecimiento económico del orbe, están sentenciados a escribir prácticamente a diario. El 'chat' es el mar de errores y mensajes que nos ahorra el hablar, porque sencillamente es más fácil alegar desde el teclado que desde la voz. Al menos, para aparentar, funciona mucho. Pero nada queda de un chat. Es una vergüenza presumir un enriquecimiento lingüístico salido de ventanas emergentes amplificadas con sonidos irritantes y presurosos que cortan cualquier armonía previamente construida.

Posiblemente esa falta de paz para pensar y organizar ideas es la única que nos conlleva a lucir una falsa concisión, en especial, a quienes acudimos a Twitter para compartir nuestros pensamientos egoístas y solitarios, insultar y loar, acompañar y separar...

Y si me preguntan, no sé qué pasó el mes que recién pasó. Posiblemente quede uno que otro rastro de memoria representado crono-lógicamente, pero no permanece nada. Nada.

jueves, 24 de octubre de 2013

La cadena

Uno de los inventos más grandes y miserables de la sociedad premoderna fue la cadena. Este artilugio se encargaba de dar una seguidilla de eslabones que permitían asegurar y capturar con fuerza algo o alguien. Su intención no era otra. El portador era quien decidía para qué quería esas custodias. 

Los vínculos de la cadena siempre son sólidos. La mano del hombre generalmente debe ser incapaz de romper las soldaduras y los pliegues del metal. Si por justa o injusta razón éstas ceden, las cadena es inservible. La fracción no cumplirá su meta. Una vez dañado, no hay forma amable de recomponer la cadena, con la excepción de una herramienta; una extensión manual.

La cadena solamente cede cuando alguno de sus dos extremos sufre de presión superior y topa sobre el nivel de fuerza de la secuencia metálica. Lo mismo ocurre con los intereses humanos: cuando alguien pinta mejores oportunidades, lo más común es abandonar lo forjado para de nuevo hacer un camino. Por ello a veces tarda tanto el pensamiento en reflejar la máxima popular: "es mejor malo conocido, que bueno por conocer". El trabajo no se puede perder en comprensación por falsas ilusiones. 

Una vez se rompe la cadena, es mejor dejarla rota y no pretender reconstruir algo que por alguna u otra razón cedió y cuyos más íntimos cimientos no lograron soportar. No hay que forzar más la cadena; terminará por ceder.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

El viaje (I)

Indudablemente, una de las incógnitas más grandes de la existencia actual está en la resistencia de los hechos a acomodarse por la fuerza que como seres supuestamente pensantes pretendemos dar a días y noches. 

Es por ello que, irónicamente, cuando un plan tiene una hoja de ruta de ejecución precisa, lleva los peores errores y pone toda la función al revés. Y cuando la jornada no tiene norte alguno, ofrece los mejores recuerdos en bandeja memorable. Y así es todo. Nada se compara con aquellla emoción que se deriva de vencer la modorra y finalmente verle sentido a las cosas, sea por duelo o por simple defecto. 

Es cuestión de saber cerrar ciclos, pero la mente sigue proclive a querer extender y revivir episodios que nunca más podrán ofrecer una dosis decente de repetición. Aquí cualquiera aplicaría a los desgastados discursos psicológicos de aprovechar el momento y mucha otra basura creada con el fin de confundir despistados. 

Pero la realidad indica claramente que quien no aprovecha sus oportunidades de alguna forma, simplemente se conderará a ver cómo otros sí lo hacen y en sus caras. Como diría la máxima de Joyce C. Oates: "La mejor venganza es vivir bien, sin ti". 

Pero qué difícil es cerrar capítulos que obtuvieron un colofón abrupto, cuya continuación es perjudicial pero que dejan ese terrible sabor de poder haber hecho más. Atribuyamos esto a generar buenos recuerdos, en lugar de ásperas ilusiones. 

sábado, 14 de septiembre de 2013

La filosofía de presumir

¿Qué sería de nosotros sin presumir de lo que tenemos, o al menos, estamos conexos a ostentar?
En realidad, no es otra necesidad que un complejo de querer mostrar algo que no se puede tener definitivamente. Por ello, muchos aplican a la vieja ley -podría ser nueva para quienes no son mis contemporáneos- de fotografíar sus comidas, dejar impronta de un carro que sirve para lo mismo que el resto de vehículos, de licores que ni siquiera saben tomar, pero que justamente pretenden dar ese donaire de paz y ligereza proporcionado por el tener, aunque infiera grandes nociones de ignorancia.  

Pero presumir tiene sus bases y nadie puede negar haberlo hecho. Hay personajes que viven de ello porque es la única forma que encuentran de que sus voces sean propiamente escuchadas -no significa que se tengan en cuenta o posean trascendencia alguna- y por ellos todos los días se ven en la implícita y ya veterana necesidad y necedad de contar lo que la vida les ha dado por prestado, presumiendo ellos que les acompañará por siempre. 

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viernes, 6 de septiembre de 2013

Dar el paso

Finalmente, tomar el impulso puede ser la decisión más dura. Una vez ya se inicia el conocimiento real de la senda, es cuando más fuerza se necesita para mantener una voluntad inquebrantable que no pierda su fortaleza y la voluntad no termine en nada más que lamentos. 

Es la precocidad propia de la ambición la que llena de nubosidad el entable tan real que es padecimiento diario de los acontecimientos que nosotros mismos anticipamos en una cadena que muchos llaman Karma, otros Eterno Retorno y muchos 'consecuencias'. 

En realidad, es duro entender por qué es difícil aceptar la derrota a sabiendas que es el merecimiento más natural de todos. Por ello, la victoria genera tanto desenfreno y errores, porque en esos estados de manía nadie se controla. El éxito se va en cuestión de instantes y su alegría aún más y por ello la gente hace lo que sea con esos segundos de felicidad triplicando los segundos de éxito con minutos de duda. 

Y así. No hay más qué contar. Usted bien lo sabe, solamente que no se pone a pensar estas bobadas. 

viernes, 30 de agosto de 2013

La doble moral

La sabiduría siempre lo ha especificado.
La humanidad, precozmente, lo ha contrariado.

"Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas". Mateo 6:24.

viernes, 23 de agosto de 2013

Construir o Destruir

La esencia del procaz y precoz:
Para aquellos que no saben diferenciar entre una errata y un error, esta canción les puede sentar para que aprendan a saber que hay preguntas que nunca merecerán una respuesta:


"Mucho más cómoda es la posiciónde dar la crítica sorda y pedante,

despedazando con rabia y rencor al autor y al cantante.

Sólo mi historia me obliga,

usted no me diga qué frase hay que usar…

haga su cuadro y elija el color de la tinta que quiera mezclar.

Pero nunca se arrogue el derecho de andar por mi techo espiándome la libertad,

que ni una coma le voy a cambiar ni a lo dicho ni al hecho.

Y hasta el final del olvido, maltrecho, diré mi verdad."





Construir o destruir
Ignacio Copani.

viernes, 16 de agosto de 2013

Por Sufrir

Dime tú quién sufre:
¿Sufre más quien quiere hacer sufrir o el sufrido?
Por alguna razón sufre más el que se aflige por corregir su rutina para generar una molestia. Quien tanto predica por independencia, termina siendo relegado a hacer lo que otros demandan. Y es una jugada boba y también sucia, pero es algo pasional, que se hace por el afán de hacer sentir al otro bajo el concepto ingenuo de una razón impura.
Vivir no es someter a vejámenes o ir según va el sentido del viento. El falta de peso, razón de una levedad que no ofrece fruición alguna. 

No pierda su tiempo haciendo sentir mal a las personas. A la larga, quien peor se sentirá es quien hace sufrir, es decir; usted. No sea precoz queriendo ser procaz. 

martes, 13 de agosto de 2013

El oso de felpa

El sol salía tímidamente y rompía una que otra nube matinal. A eso de las 7:30 am de sábado, la humanidad se divide en dos grupos: quienes maldicen estar despiertos a esa hora y quienes aman hacer algo con su vida los sábados en la mañana. 

El autobús colectivo llevaba su cupo lleno. Su intención era transportar cuanta gente le fuera posible desde la Enea hasta la Universidad de Manizales. En la primera fila de puestos, una señora que ya había entrado a la condena mediática de la tercera edad acompañaba a quien podría bien ser su hija y su nieta. 

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domingo, 11 de agosto de 2013

Precoces en la criticadera

No entiendo. Básicamente no entiendo por qué la gente quiere ser como otros.
¿Es que no se dan cuenta lo irritante que es tener un seguidor, un lacayo, un émulo?

Lo más lamentable es que estos precoces aman criticar al resto, sin siquiera fijarse en la gran carencia de vida propia en la que sufren su inferior desgracia.
Es más, no sé por qué le dedico una entrada a esas personitas que tan poco creen ser que necesitan parecerse a otros. Y es que tampoco las entiendo.
¿Alguien para qué debe presumirles a los otros de un plato de comida? ¿Los otros no comen o nunca han comido?
¿Para qué presumen de una gran biblioteca si nunca leen? ¿Qué sentido tiene todo eso?
No entiendo para qué quieren vivir de boca en boca y luego quieren desligarse del mismo Eterno Retorno que construyeron. Es lo que hay y lo que nos tocó. 

De todas formas, más se perdió en el diluvio.

viernes, 9 de agosto de 2013

Hay días precoces

Hay días durante los cuales uno cree que la vida no está hecha para la paciencia. Que el mejor remedio para todo es coger el ratón del computador, con cordón incluído, y girarlo hasta pegarle a alguien en la cara. Y hay días en los que lo mejor es dejar así. 

jueves, 8 de agosto de 2013

Julia

Somos demasiado precoces al hablar, especialmente de música, si es que no somos capaces de anotar ningún título anterior a 1930.
Para nosotros todo se convierte en una canción y olvidamos la música. La sinfonía. La nota. Lo que compone en realidad la vida de la música, más allá de letras y cánticos rítmicos. 

Una muestra desconocida por muchos aquí. Julia. Disfrútenla.




La muestra es cortesía de un usuario desocupado de SoundCloud que subió la canción a la red, pero los derechos de la misma corresponden al maestro Willie Colón. 


¡Grande Willie!

La clase presencial (I)

Soy muy precoz al decirlo; pero no hay cosa más inútil en una facultad de Comunicación Social y Periodismo que una clase presencial, magistral, aburrida y terca, donde hay que acudir a refrescar la página de Twitter en el celular una y otra vez para no caer en las bondades del sueño.   

Francamente, los docentes debieran sentirse alagados al ver que el estudiante prefiere permanecer allí, en su salón, con el respeto a la asignatura mientras duerme, en lugar de irse a casa, al parque o la cafetería a ver el tiempo pasar mucho más rápido y quizás levemente más productivo.

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miércoles, 7 de agosto de 2013

De Jaime Llano González

Reconozco que soy precoz al creer en la música como yo la veo.
Apenas llego a interesarme por la grandiosa música del maestro Jaime Llano González. Varias veces escuché las cuñas radiales sobre un disco compacto con sus mejores interpretaciones en el órgano y la música colombiana. Solamente hasta que en el cumpleaños del Bogotá (475) la reprodujeron hasta que entró en mi gusto. La que se quedó fue la Gata Golosa. Incluso la pedí en un bar en el que estuve el mismo 6 de agosto con el ánimo de volver a escuchar tan grandiosas melodías.

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martes, 6 de agosto de 2013

Una chica procaz

Ella le está contando sus grandes problemas del día. Cree que va a morir sepultada dentro de una bola de nieve de tormentos. Parece que fuera una nueva paciente de un transtorno obsesivo compulsivo que le puede costar en el mercado varias cajas de aromáticas.
Pobre mujer. Cree que se desahoga con su amiga, a quien erróneamente llama así, sin saber que cuando suene el celular a ella le va a importar una nimiedad porque para ella primero estaba contestar el teléfono como si no existiera el menor respeto por el dolor ajeno. 

Primera muestra de procacidad

Es mustra fiel de ignorancia. Así y todo el meollo, siente ofensa al sentir en su ego la amplitud y la bendición de la ignorancia. No saber de la política que salió luego de la Segunda Guerra Mundial no le sirvió para callar y esperar para hablar. Para ella; más precoz, aunque igualmente procaz.