domingo, 7 de marzo de 2021

Encontrarse con uno mismo

Pasamos todo el tiempo con nosotros, pero, casi nunca, estamos con nosotros. Suena a cliché o a idea salida del tono, pero, a lo que voy, es que en muchas ocasiones perdemos la sintonía propia por buscar saber qué frecuencia tiene el mundo exterior.

Para podernos integrar perdemos parte de los nuestro, como si fuera una licencia, para poder recibir de lo exógeno. En otros momentos, lamentamos haber puesto tanta reticencia en aspectos fuera de nuestro control que, finalmente, optan por robarnos paz y serenidad, dos de los insumos más esenciales para vivir sin remordimientos reales y no pasajeros.

Para apartarse se necesita voluntad; a veces se adquiere porque es la única salida o porque la fatiga y saturación que nos causa la hiperconexión y el intercambio con otras personas nos rebosa lo que estamos dispuestos a dar y, asimismo, recibir.

También, es un despropósito que muchas personas tomen como una ofensa entender que alguien se quiere aislar de ellas; es algo así a personalizar el deseo ajeno de libertad. “Nadie puede ser libre si yo no lo permito”. Pero la vida es más que eso, hay que recordar que, entre las mayores mentiras existenciales, están los egos y todos cargamos con uno. ¿Cuánto nos permitimos engañarnos por él?

martes, 2 de febrero de 2021

El patetismo (ser cursi)

Existe una asociación general por muchas personas de vincular las palabras patético con ridículo. Y, aunque, entre líneas puede haber una asociación, el diccionario, realmente, explica que un patético es aquel que “conmueve profundamente o causa un gran dolor o tristeza”. Así que, de ridiculez, queda poco.

Etimológicamente, el término patético viene del griego pathos que significa emoción, sentimiento o, también, enfermedad. Asimismo, se les define a los patéticos como algo o alguien que conmueve o impresiona mucho. Quedémonos con esta acepción para desarrollar esta lectura.

Así, entonces, hemos cubierto bajo un manto de vergüenza ser patéticos. Algunos le llaman ser ridículos, otros prefieren denominarlo vagamente “hacer el oso”, y, entre tanto, se define como dar pena. Pero, este significante, no corresponde a quien lo siente, sino a quien lo percibe.

El afecto y el cariño están fundados en patetismo. Sin embargo, en algún momento de nuestra vida, resolvemos erróneamente ahorrarnos expresiones patéticas porque, supuestamente, nos hacen vulnerables. Y, es que, como humanos, hemos desarrollado un pánico idiota ante la vulnerabilidad, como si esto significara ser inferiores, insignificantes o inútiles. Así, hemos crecido con un montón de ideas que solamente nos filtran de ser quienes somos en realidad.

viernes, 8 de enero de 2021

Simple. Viajar, simplemente.

Confieso que soy un mal viajero. Quizás mi espíritu capricorniano me llena de inseguridades y falsas preocupaciones y, por eso, intento llevar mi mundo en una maleta llena de suposiciones: “esto por si hace mucho calor, o esto, por si hace menos”.

En esa retórica he crecido. Soy un hombre de viajes muy medidos porque me complico demasiado en y con todo. Justamente, mi más reciente viaje a Cartagena me lo dijo explícitamente: Aprende a ser más sencillo; más simple. Me permití una licencia de mis inseguridades y quise que todo fluyera, sin preocuparme por caminos, presupuestos y un montón de supuestos.

Muchas personas atinan a decir que lo mejor que guardan muchos planes es su componente de sorpresa o improvisación. Este fue así. En dos días se resolvió, sin meditaciones o cuidadosos análisis; dejándose llevar. Cartagena la he visitado varias veces en misión académica, pero ya eran más de 12 años en los que no saludaba esa ciudad únicamente en las sandalias del turista.