viernes, 29 de mayo de 2020

Soy bipolar

“El clima de Manizales es muy bipolar”; dicen básicamente aquellos que confunden la lluvia y el sol. Claro, el estado del tiempo puede tener dos polos; pero no son esos… Bipolar fuera el estado del tiempo si pasáramos en un intervalo corto de tiempo de un calor abrasador a una gélida condición, incluso con tormenta de hielo a bordo.
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Pero, no es justo regresar a entrar en disputa por quién tiene el concepto más claro, ni quien lo vive más. Lo bipolar se acuña al Trastorno Afectivo Bipolar (que antes se denominaba “depresión maníaca” –me gusta más ese nombre–) como “una enfermedad mental que causa cambios extremos en el estado de ánimo que comprenden altos emocionales (manía o hipomanía) y bajos emocionales (depresión)”, según la Clínica Mayo, en Minnesota (EE.UU.)

El imaginario, creo, considera que eso puede suceder en cuestión de minutos y que, en general, sucede con extrema rapidez. Ahora bien: Los episodios de manía o depresión pueden durar semanas, agotando o engañando al cerebro.

No hago este escrito como un experto, sino como un paciente. No me avergüenza decirlo, aunque sí temo que algunas personas que estimo me malentiendan la patología “por inestable”, pues, para las personas que sufrimos de la mente lo que más nos duele es el rechazo y los comentarios y acciones incomprensivas.

Y lo que más hay que trabajar es que este tercer apellido me acompañará toda la vida. Hay enfermedades que se curan; esta se modula. “Aunque el trastorno bipolar es una afección de por vida, puedes controlar los cambios en el estado de ánimo y otros síntomas siguiendo un plan de tratamiento. En la mayoría de los casos, el trastorno bipolar se trata con medicamentos y apoyo psicológico (psicoterapia)”.

A veces, confieso, me causa mucha gracia las personas que me digan que todo es de voluntad… Entonces, uno opta por hacer la explicación química de lo que sucede y se torna infructuoso. Pero, así y todo, me siento amado por muchas personas y, en mis episodios de hipomanía o hipertimia he hallado grandes momentos de sabiduría, creatividad y genialidad.

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Según mi diagnóstico, soy bipolar tipo I: “Has sufrido al menos un episodio maníaco que puede estar precedido o seguido de un episodio hipomaníaco o un episodio depresivo mayor. En algunos casos, la manía puede provocar una desconexión de la realidad (psicosis)”. Por suerte, no he llegado a psicosis alguna, pero sí paso mucho tiempo con mi mente funcionando como una máquina que luego se frena y entra en paro, porque se recalentó. Ese freno puede asemejarse a la depresión.

Está el tipo II con mayor fuerza de la depresión o los ciclotímicos, que cambian su entorno relativamente fácil. Hay una clave, dice la Clínica Mayo: “Mientras que los episodios maníacos del trastorno bipolar I pueden ser graves y peligrosos, las personas que tienen trastorno bipolar II pueden estar deprimidas durante períodos más largos, lo cual puede causar un deterioro importante”.

¿Pero qué son la hipomanía y la manía de la que ya les he hablado en esos episodios?

Volvamos a los que dicen en la Clínica Mayo:

La manía y la hipomanía son dos tipos diferentes de episodios, pero tienen los mismos síntomas. La manía es más grave que la hipomanía y causa problemas más notorios en el trabajo, la escuela y las actividades sociales, así como dificultades en las relaciones.
Tanto los episodios maníacos como los hipomaníacos comprenden tres o más de los siguientes síntomas:
  •         Episodios anormales de optimismo, nerviosismo o tensión
  •         Aumento de actividad, energía o agitación*
  •         Sensación exagerada de bienestar y confianza en sí mismo (euforia)
  •         Menor necesidad de dormir
  •        Locuacidad inusual*
  •        Frenesí de ideas*
  •        Distracción*
  •       Tomar malas decisiones, como hacer compras compulsivas, tener prácticas sexuales riesgosas o hacer inversiones absurdas

Las que sobresalté con asterisco son las más presentes en mí. Quienes me conocen pueden dar fe de ello y reírse, porque pueden decir que en eso no hay nada malo. Más adelante les explico por qué hay que ponerle una reducción al caso.

Episodio depresivo mayor
Un episodio depresivo mayor consiste en síntomas que son lo suficientemente graves para causar dificultades evidentes en las actividades cotidianas, como el trabajo, la escuela, las actividades sociales o las relaciones. Un episodio comprende cinco o más de los siguientes síntomas:
  •        Estado anímico depresivo, como sentirse triste, vacío, desesperanzado o tener ganas de llorar*
  •        Marcada pérdida del interés o de la capacidad para sentir placer en todas —o en casi todas— las actividades
  •        Adelgazamiento importante sin hacer dieta, aumento de peso, o disminución o aumento del apetito*
  •        Insomnio o dormir demasiado*
  •        Agitación o comportamiento más lento*
  •        Fatiga o pérdida de la energía*
  •        Sentimientos de inutilidad, o culpa excesiva o inadecuada*
  •        Disminución de la capacidad para pensar o para concentrarse, o indecisión*
  •        Pensar en el suicidio, planificarlo o intentarlo

El asterisco marca también las que han estado conmigo en el otro polo. Sin embargo, agrego que la presión social y laboral pueden cooperar para empeorar ostensiblemente la enfermedad.

La clave de toda la bipolaridad la tiene la Clínica Mayo en este párrafo: “Quizás disfrutes de la sensación de euforia y de los ciclos de ser más productivo. Sin embargo, la euforia siempre viene seguida de un bajón emocional que puede dejarte deprimido, exhausto —y hasta quizá con problemas económicos, legales o de relaciones—". Esta situación puede dejar a cualquier persona en incapacidad por días o semanas de producir como lo hacía anteriormente. Hay que parar y reiniciar.

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Es necesario decir que el trastorno bipolar no mejora solo y necesita de un tratamiento químico, por un buen profesional, ojalá especializado en la materia, para poderlo sobrellevar.

Por eso, siempre cuando me preguntan cómo estoy y es una persona conocedora puedo decir: modulado, hipomaniaco o regular. Y, aunque mi mayor miedo es que me rechacen en un trabajo, en un grupo o en un corazón por mi bipolaridad, siempre tengo claro que no saben de lo que se pierden.

En primer lugar, porque uno no va de sonrisas a lágrimas; en segundo lugar, porque la locuacidad nos brinda diversión y humor y, en tercer lugar, porque sabemos calzarnos en las tristezas y alegrías de quienes nos rodean.

Misterio
Las causas de la bipolaridad, como muchas enfermedades mentales es un misterio ante la lógica de los sentimientos humanos. La Clínica Mayo, que es mi fuente de consulta más clara para hacer este editorial tiene dos: diferencias biológicas y genética. Hay cambios físicos en el cerebro que pueden impactar a cualquier plazo, mientras que la genética puede derivar en patologías.

Hay factores de riesgo que pueden complicar muchísimo la vida de un bipolar, como yo, como tener un pariente consanguíneo, como un padre o un hermano, con el trastorno. Además, periodos de alto estrés, bien sea en el trabajo o por situaciones como la muerte de un ser querido o experiencias traumáticas.

Con la bipolaridad llegan otros colgandejos como trastornos de ansiedad, de alimentación, déficit de atención (en lo que soy campeón), problemas con drogas o licor o problemas de salud física como enfermedades cardíacas, problemas de tiroides (aquí va el emoji que levanta la mano), dolores de cabeza u obesidad. Ser cachetón, pero flaco, no aplica.

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Nosotros, quienes estamos enfermos de este trastorno, pero que sentimos que gozamos de gran salud física, debemos evitar cualquier estimulante como drogas o alcohol; porque pueden ocasionar un efecto rebote complejo y hay que tomar los medicamentos tal como sea manda.

Cuando se toman las medicaciones como se indica la vida mejora mucho; los problemas se enfrentan de otras maneras y podemos llevar una vida muchísimo más estable, incluso, si nos comparamos, con otros que nos dicen que esto es solo voluntad o “mindfulness”. Nos falta mucho conocer la enfermedad mental; cómo se siente y como se expresa y demás.

Pero, así y todo, mil gracias a todos quienes llevan conmigo este trastorno como si fuera propio, me tienen paciencia, saben que hablo demasiado por chat o presencialmente o que suelo ser intenso con muchas situaciones.

Van Gogh se estaría riendo, probablemente, o alegando, por la necesidad de explicarlo a un mundo prediseñado ya para no entender. Nosotros somos los de los polos; pero el mundo es el de los extremos.

Mil gracias, porque eso también hace parte de la medicina.

3 comentarios:

  1. Maravilloso, así de simple. Un fuerte abrazo Luis.

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  2. Es verdad, le gente suele decir: "Póngale ganas","Es que eso es pura falta de voluntad", pero no. Es como si le dijeras a un enfermo de cáncer que a punta de voluntad se va a curar...todo va más allá.

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  3. ¿Ud. pasó por muchos diagnósticos previos? Para mí ha sido pasar por TOC, bipolar, limítrofe. Y por tanto, pasar de tener la sensación de contar con un tratamiento que me funciona, a la desesperanza con el paso de los meses.

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