Parto de Notas

Fútbol 

Con garantías les digo que nada sé sobre fútbol. Además, es ignorancia rayana, porque, aunque pudiendo aprender, no he querido. Creo que, si lo entendiera, entonces, le perdería la poca gracia que le encuentro. Confirmo que, cuando veo una pantalla en un partido de fútbol, veo a todos los jugadores corriendo tras el balón. Aunque el Máster Mateo Trujillo me hace sesudas explicaciones, no distingo con prudencia sobre formaciones o tácticas, mucho menos de estrategias, si es que las hay. Sin embargo, el fútbol me ha dado los instantes deportivos más gloriosos, más que los mismos Minnesota Vikings. Recuerdo el título de Colombia en la Copa América del 2001 y la alegría que anestesió –por un momento– a un país desangrado. Vi los títulos del Once Caldas que aún me causan una liberación de indiscriminada de dopamina cuando veo repeticiones o escucho relatos radiales. El fútbol, tiene algo que no tiene otro deporte: El grito de gol. Es liberador como nada. Decir Touchdown no tiene nada de eso, por lo que prefiero decir: Fuck, yes! Tengo claro que no quiero aprender de fútbol, que lo disfruto más desde la ignorancia, que prefiero preguntarles a mis amigos sobre qué está bien o qué está mal. Finalmente, con el fútbol también he aprendido a escuchar (porque no tengo nada con criterio de qué hablar).

En mi acumulado personal tengo dos goles y tres tarjetas rojas. Eso lo resume todo. 

18/11/2020

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Llenarse de nada

Es un oxímoron. La humanidad se acostumbra a perder lo que no tiene; a salirse de virtualidades o cosas que, en esencia, nunca tuvo. No se puede desperdiciar o malgastar lo que nunca se tuvo; tal como eso. Lo escuché de Vicky una vez en consejo de redacción y se me grabó por siempre. Entonces, ¿cómo se llena uno de lo que no tiene? A esto vamos con las esperanzas o las ilusiones: ¿de dónde se alimentan para hacer ese espacio que teóricamente no ocupan? Luego, cuando se destruyen o pierden piso, dejan desnudo el mismo espacio de siempre, el cuidado o descuidado, el amado o rechazado, el mismo que tampoco podemos llenar nosotros. ¿Cómo hacemos los humanos para colmarnos de nada para continuar creyendo que tenemos algo cuando no tenemos nada? Y luego, para justificarnos, decimos que perdimos ilusiones, cuando, en verdad, lo que perdimos fue el tiempo.

Esperanzarse es como caminar fijo sobre nubes de algodón; se puede avanzar o caer.

13/11/2020

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11:24

Hay algo que tiene la incertidumbre que hace que no la rechacemos de tajo. Ese picante ansioso que nos vincula a buscar un final cierto es lo que nos mantiene pendientes o atentos. Solo una pérdida o ausencia de interés nos enajena de vivir la incertidumbre. La semana que termina bien puede ser mi periodo con menor sueño reparador del año. Cada noche esperaba el final de las elecciones foráneas que, quienes me conocen, saben que las siento muy propias. Pasar del pesimismo de la noche del martes a la esperanza de la madrugada del miércoles y edificar allí una fuerza común ha sido una experiencia grata. No quería perderme la proyección de presidente electo y quería escucharlo de Wolf Blitzer, el mismo al que le atendí el fenómeno de Barack Obama o la muerte de Michael Jackson una tarde de agosto del 2009. Después de refrescar páginas, escribir análisis en previo y no descansar en el recuento de números y ‘ballots’, a las 11:24 de la mañana de hoy llegó ese impulso de adrenalina y emoción que no tiene término. Es genial e indescriptible –paradójicamente–, como periodista, ver las noticias pasar en tiempo real. Seguramente es eso lo que no permite dejar este oficio.

Contarlo es vocación, informarlo es pasión.

07/11/2020

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La desilusión

Se tiñe o destiñe una desilusión como algo malo, cercano a la decepción y en el vecindario de la desesperanza. Una desilusión no es otra cosa que una dosis de realidad en medio de conjeturas mentales sobre un deber ser de algo, supuestamente. Pero, en realidad, una desilusión también es un alivio doloroso o desagradable, como las inyecciones o los jarabes para la tos que guardan un sabor perverso para una posterior mejora. Es entonces cuando un puño brota desde la tierra para reanimarnos en vivir en verdad y no en codicia o ilusión. Es natural desilusionarse de alguien, por su frialdad o tozudez, por sus miedos o por sus constantes embargos de crisis. También nos desilusionamos de nosotros mismos por no haber alcanzado la ilusión. El látigo a continuar es un recordatorio inmisericorde de que fallar nos cuesta, sobre todo, cuando nos malogramos hipotéticamente, como sucede con las desilusiones. De todas maneras, para evitar desilusiones, no hay que evadir ilusionarnos, sino, mejor, construir sueños o ideas posibles y personalmente realizables, sin radicarlas en el pulso ajeno. 

De las desilusiones se aprende, de las decepciones se padece.

02/11/2020

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Narrar fútbol - football

Son 12 años de escuchar a Paul Allen narrar los partidos de los Minnesota Vikings, que tanto amo tóxicamente. Sin su relato ‘play by play’, los partidos no los sentiría iguales. Escuchar su narración me recuerda del Metrodome o me hace ansiar mi primer partido, cuando se pueda, en el US Bank Stadium de Minneapolis. He crecido escuchando radio y trabajo desde hace algunos años en una estación de noticias, donde narramos la realidad, menos la deportiva, en ese tiempo real. A veces me pregunto cómo me iría en esas lides, pero creo que soy demasiado emotivo y las profanidades serían el predicado común de mis locuciones. La narración hace vibrar, mientras que el relato; explica. En Colombia estamos acostumbrados a apostillas pasionales hasta el éxtasis o la fatiga emocional. En otras latitudes son algo más fríos. Paul Allen pareciera colombiano, con la forma en la que narra, grita y hace sentir todo lo que ve, como si se estuviera allí, que es la magia de todo narrador. Hace algunos días que escucho nuevos narradores de fútbol y creo que me vuelvo a conectar luego de llegar al hastío con el “cantante del gol”. Perdón ahí.

 

No sé qué sea narrar un gol o un touchdown, pero sí sé lo que es gritarlo desde el fondo.

18/10/2020

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En silencio

Se apilan los días sin regresar a los desahogos en los que se convirtieron estas notas. La razón que lo ampara es que estoy feliz en el silencio, pues, de cierta manera, la ausencia de ruido me ha permitido sintonizarme mejor con los pensamientos que llevaban días esperando ser escuchados. Sucede de una manera fascinante, sin exigencias ni presunciones y con plena consciencia de darle a cada elemento su filosofía y su derecho. Curiosamente, no ha sido tampoco un episodio de ausencia auditiva: tengo grandes conversaciones con amigos, encuentro mayor profundidad en la música que me gusta y me escucho hablar, como lo hago con los demás. También, les di oportunidad a mis miedos de discutir y ellos se marcharon tras ser escuchados, pues solo demandaban eso, a pesar del drama. Ahora, estudio con el convencimiento de enrollarme en el conocimiento y aplicarlo para compartirlo, como suele decir Manuel. También, veo fútbol con Mateo y leemos por aparte. Laboro –y río- con Margaret. Viajo con la voz de Nicolás Me acompaso con la risa de Natalia y trato de entender lo que dicen Martín o Julián. Aclarar las dudas metódicas de Denis y más. Lo mejor es que antes de dormir siento y vivo el amor que profesan los labios de mi madre y de mi padre. Así pues, he encontrado la dicha y la paz, silentemente.

En silencio alcanzamos lo incontable.

03/10/2020

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Conciencia y corazón


Han pasado horas desde que pude consumar la ilusión de dialogar con Gilberto Santa Rosa sobre su música. Sucede en un ambiente perfecto, en directo en El Club del Oyente, con la sincronización de las notas y los ritmos. Hay una canción de 1988 que me marcó y se la pude reproducir de sorpresa. Su cara de sorpresa y de memoria me hicieron entender que sus emociones y las mías, por ‘Déjame sentirte’, eran toda una honra a su título. Luego, le cuestioné qué primaba más en él, si la consciencia o el corazón: dijo que 60% corazón y el restante para la consciencia. Yo, soy más diferente: 85% consciencia y 15% corazón, con posibilidad de mutación. De todas maneras, conversar con el hombre que me enseñó musicalmente a pedir perdón y a saber tolerar a los malheridos. Hablar con Santa Rosa fue una experiencia exquisita que, como pocas, vinculó a la consciencia y al corazón.

Parece pero no es, eso pasa con frecuencia.
19/09/2020

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La mala confianza
Cada jornada creo más que la mayor confianza del hombre reside en su capacidad consecutiva de cometer errores. Nunca hay dudas de ello porque es, lógicamente, un aspecto siempre presente. La confianza, aquella capacidad que tenemos de creer con esperanza y seguridad en alguien o algo, es también una presunción de nuestras incapacidades y reservas. Ahora, existe una enorme paradoja: confiamos más en nuestras desconfianzas o pálpito de lo malo –llamándolo corazonadas– que en las cosas, procesos o personas que, evidentemente, van por buen camino. Es entonces, una terapia de desnudamiento del facilismo de tantas mentes por acometerse a la intranquilidad sin duelos propia de la incertidumbre, que la pulcritud y puntualidad de la férrea e inmutable verdad. Es en sí, de confiados, confiar en la desconfianza más que en la confianza. No sabemos para qué, pero debe ser solo una lucha por el control de pensamiento, la confianza radica en terceros u otros, mientras que el buldócer de la desconfianza siempre es propio y tormentoso; por consecuencia, una mala confianza.

Todo este párrafo se hubiera ahorrado buscando en Google ‘pistantrofobia’.
08/09/2020

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Martín
Hoy cumple años el ser más gruñón que conozco, pero que, a la vez, también puede ser el más noble. No obstante, asegura que en este padecido 2020 él no contará con celebración alguna y se atreve a decir que no agrega un año más a su almanaque personal. Martín es casi una especie de editor de la vida diaria, un explicador de fenómenos necesarios o innecesarios, todos tendientes a decir incontablemente: economía. Muy pocas veces había encontrado a alguien tan apasionado por su vocación como Martín y es increíble la bondad que tiene para leer las variables que se le exigen para vivir. Categóricamente, se trata de un trabajador incansable y, también, de un particular amigo. Un lector particular, amante compulsivo de los libros, pero no los de llevan a otro mundo, sino de los que lo aterrizan, aún más, en este. Martín es un viejo joven – quizás como yo – y es probable que por eso seamos amigos tan cercanos. También, me lleva a la posición de escuchador y eso no lo hace cualquiera. Odia la fama o cualquier tipo de reconocimiento público, aunque él obsta por hacerse notar tratando de explicar lo que otros malintepretan en su rama. Por tal, evitaría mensajes como estos, pero ya nada se puede hacer. Es un gran sujeto y una mente singular y, sin dejar micra a dudas, hay que celebrar su vida.

Martín Jaramillo López es un hombre afortunado que siempre comparte su fortuna: su conocimiento. ¡Salud en este cumpleaños, más que siempre, mercenario!

05/09/2020
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Falta de inspiración
Ya van varios días desde que se me cerró el chorro de la inspiración. Pasan las horas y los días tratando de poner una red que atrape los pensamientos que quiero contar, pero estos se disuelven entre cuerdas. La falta de la inspiración es lo más parecido a la quietud, a no movernos y resultar, incluso, martirizados por la inacción. He intentado plasmar ideas, pero solamente salen algunas líneas que claman indulto y ser borradas ipso facto. Tampoco logro concretar una pregunta a mi respuesta del porqué de mi neutralidad discursiva y literaria, pues siempre he sido un amate de escribir. Por efecto diario, está el discurrir del chat, pero, tampoco, logro entablar conversaciones largas, quizás por falta de interés o, también, porque carezco de la concentración para establecer una idea fluida como hilo articulador de la conversación. La falta de inspiración golpea más cuando llegan emociones fortuitamente y se resisten a la descripción; no hay forma de pintarlas con palabras y se hacer claridad sobre la esencia emocional. Eso es lo que hay, por ahora; un desinterés en formar lo que, quizás, ya está reformado. Principio y fin.
Como la inspiración no se fuerza, solo queda anhelarla tal como fue aprendida.
31/08/2020
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Admiración
Este término que significa acción y efecto de causar una sorpresa a la vista, también sucede con la escucha y, cómo no, con el corazón, pues no se puede admirar lo que no se siente. Se admira lo que toma conjunción o comunión con el sentido más puro del ser, no con el ego, sino con aquel superyó que reside silencioso, al pendiente de los estímulos exteriores que le radiquen vida y sensaciones. La admiración es, en cierta manera, esa forma de inculcar en nuestras vidas esa inspiración ajena que se puede tornar propia. Me sucedió esta semana, al ver cómo la confianza de una familia enorme logró, por medio de su fe y unidad que el amor prevaleciera sobre la incertidumbre. Tan complaciente y alegre fue ver ese logro, como, también, recibir con su voz la alegría de sentirse escuchados y ayudados. Se admira porque son constantes y perseverantes, porque creen si necesidad de ojos u oídos. Es de admirar a quien prescinde de su vida actual-contextual, para soportar con amor el peso de una cruz ajena. Es de admirar la bondad y la humidad pues, como se dice a veces, dan ganas de quererlos; de admirarlos.


Lo importante de admirar es aprender para aplicar. 
29/08/2020
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La constancia
Si hay una cualidad que brille por su ausencia y falta de constancia dentro de individuos es la inconstancia... Deserción todavía más evidente en aquellos que se osan llamarse disciplinados, perseverantes o constantes en todo lo que hacen. Y es apenas entendible: la razón es que sostener con carácter una costumbre, un hábito o un compromiso requiere de honor y sentido común de cumplimiento firme; ambas cosas que son prácticamente una falla semántica y existencial ante nuestros ojos. Entre las mayores barreras que tiene la constancia está infalibilidad del desinterés y la proclividad nuestra a querer cambiar por unidades más livianas cuando el peso ya se forma como castigo. Por eso, suele ser tan frustrante e irritante ver a quienes pregonan compromiso y coherencia cuando, a la hora del té, suelen perderse por la inmensidad de la trivialidad y la ausencia de responsabilidad, resumen del descuido de la constancia y la apertura a toda contradicción existencial.

No debe confundirse la terquedad con la constancia; la primera como obstinación y la segunda como cumplimiento.
 25/08/2020
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Las 7 de John

Entre los puntos que más fascinan en el cariño está la personalización del afecto. Lo hacemos con nuestros padres, abuelos, hijos, parientes o amigos. A veces, para evitar el cliché del nombre genérico, preferimos que sea, mejor un nombre o sobrenombre. Mi padre, Juan, es, para mí: John, desde hace un poco más de una década. En ocasiones le llamo papá, pero el verdadero significado está en John. Él está ajustando hoy 70 años de una vida que admiro mucho y de la cual aprendo cada día. John, a pesar de tener una enfermedad degenerativa que le ha acompañado desde que tengo memoria, jamás ha sido remiso ante esta; es más, la ha vencido en muchas ocasiones, a pesar del pesimismo del concepto médico. Me enseñó a observar el mundo, como en la foto, sin caer en prejuicios que lo nublaran todo. Su legado también en la confianza y en aprender a oír. Incluso su humor vive en mí. También, mi padre me ha enseñado a planear y a ejecutar planes sin temor, a confiar en la organización y a luchar por los sueños. Su abuelo –mi bisabuelo-, Luis Felipe, fue un hombre de batallas en la guerra y, estoy seguro, ese sentido aguerrido nos lo heredó. Y, aunque son 70 años de John, hemos elegido únicamente el número 7 para celebrarle su aniversario: la razón está en que en siete décadas se percibe mejor el crecimiento, el cambio, la querencia y la alegría. John es un padre de ejemplo que, en comunión con mi madre (Pato), han hecho de mi hermano y yo seres nobles y correctos y, de eso, ellos están seguros. ¡Felices y tranquilas 7 para John!

Honrar a padre y madre no es un mandato; es una dicha.
 22/08/2020
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Reconciliaciones
Si hay un momento en el que sentimos la dopamina caminar por todas nuestras terminales es aquel de la reconciliación, aquel en el que se deponen las armas orquestadas por el ego y prima, con sentido de consciencia, el encuentro de los sentimientos por encima del ahogo y la asfixia de las emociones. Algunos le llaman “fresquito” a la experiencia, yo le denomino liberación. A veces, los caprichos obsesivos de la personalidad nos hacen irreductibles en áreas estériles donde no hay mucho qué ganar, pero, automáticamente, casi todo por perder. La soberbia es la prima del ego y no le permite repensar las razones de su disgusto. No obstante, la intención, cuando es escuchada con la validez de la empatía, puede eliminar aquella rabia y transformarla en una intensa, pero finita, sensación de poder y alegría. Hay quienes pueden superar una reconciliación, otros se quedan en ella.

La reconciliación es un nuevo inicio, no una etapa, pues, como lo demás, también acaba.
21/08/2020
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Reescribir
Entre las palabras que se usan trivialmente para plantear la ejecución retórica de cambios está reescribir. Hay quienes buscar reescribir la historia, pero solo llegan a cambiar un poco el estilo. Otro más quieren reescribir su vida, pero carecen de la habilidad para poner puntos y, en ocasiones, lo juntan todo, haciéndolo imposible de leer. Pero, reescribir, es una misión que permite el logro enorme de todo adulto: desaprender. Para llegar allí, hay que tener una intención para por deslegitimar lo que siempre se creyó como cierto para poder tener nuevas emociones, aunque el instrumento o la circunstancia sean iguales. Desde hace unos días, con mi amigo Mateo, cada día nos enviamos una imagen con la misión de que el otro cree una historia sobre la imagen, así el contexto sea desconocido o extraño. El resultado ha sido más que fascinante, pues permite inculcar la narrativa creativa a nuestros gestos o emociones que quedan fielmente plasmados en fotografías. Tan es así, que a veces hemos reescrito situaciones que han dado pie a entender mejor lo que hicimos con anterioridad y no habíamos podido entender. Reescribir es, por lo tanto, un mecanismo de descubrimiento y superación que solo se logra con la honestidad en las imágenes.

Reescribir, sin juicios ni rencores, es pasaporte a una vida más libre.
20/08/2020
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Champeta
Soy montañero al ciento por ciento. Mi vida ha sido ascender y descender por pronunciadas pendientes y con el beneficio de obtener paisajes hacia donde mire. Sin embargo, tengo gustos que me hacen cavilar sobre mis raíces. Entre ellos está la champeta, ese ritmo reconfigurado en Cartagena de Indias gracias a su herencia raizal y su antecedencia africana. Este fenómeno musical, casi centenario en Colombia, se repasa de los denominados champetúos, aquellos moradores de la periferia de La Heroica. La historia es más larga y es imposible sintetizarla aquí, como también es un reto absoluto describir la descarga rítmica que puede causar en un cuerpo montañero como el mío. La champeta sacude, mueve y genera exaltación, un contacto íntimo con la alegría, con la armonía propia de las músicas tropicales. Soy perverso bailarín de champeta, pero siempre será una falta imperdonable escucharla y no bailarla; no dejarse llevar y lograr la libertad. Hay fragmentos de canciones, como en ‘Paola’ o ‘Busco alguien que me quiera’ que son electrochoques anímicos.  La champeta no nos pide conocerla, solo nos invita a movernos animosamente, como sea posible.
La champeta es liberación para proclamar el hallazgo plétora de sonrisas.
 16/08/2020
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Perder por voluntad
Nuestra idiosincrasia nos refiere que perder es algo negativo, connotado desde lo peyorativo hasta lo doloroso.  Hemos aprendido que privarnos de alguien o algo es un efecto propio de una desgracia o un desperdicio. No obstante, hay pérdidas que, como todo, nos pueden causar enormes alegrías o alivios. Muchas veces nos cuesta reconocer que la pérdida o desprendimiento puede ser el único camino a la libertad, bien sea por lavarnos las manos por algo que no estamos dispuestos a cargar en un futuro a raíz su enorme impuesto de complejidad, o por la satisfacción que significa eliminar algo del peso que llevamos a cuestas. Todos hemos decidido perder algo para buscar la libertad; le llamamos sacrificio. No obstante, ese sacrificio tiene una convicción altruista, distante del corazón de este párrafo. Perder a voluntad puede ser una verdadera negociación lingüística en querer librarse de algo adrede, con convencimiento y seguridad, conscientes de una futura esterilidad. En este caso, sabio es, pues, perder por voluntad, como buscar ser más felices, pero con menos.

Acumular presuntas gestas emocionales es formar eventuales fatigas corporales. ¿Para qué?
 14/08/2020
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Las noticias
Llevo un poco menos de 10 años en el mundo del periodismo. Hace un poco más de cinco años entrego las noticias por la radio. Han sido miles de historias que poco a poco nos marginan de su esencia y nos habilitan para comentar a la audiencia lo que sucede sin sentir mayores impedimentos o martirios. Hay historias con mayor impacto que otras. Recuerdo un boletín de 5:00 p.m. un viernes del 2015, cuando di la noticia de la muerte de una mujer 20 minutos después de su matrimonio. Ella dijo que sería su última voluntad y lo fue. Ese día se rompió la voz. Los oyentes pudieron sentir cómo me sobrellevó la historia; doméstica y particular, pero poderosa. Hay otras que aceleran el corazón, específicamente, por tratarse de un tema apasionante o que demanda excesivo tacto. Sin embargo, en la vida del periodista, están aquellas noticias que no puede relatar y que siente muy adentro y que lo privan de aquella marginalización profesional. Esas que impactan y arrollan a la persona donde mora el comunicador. Esas noticias no tienen manual de estilo ni código de ética. Nos llegan y nos abrazan con su fuerza solo dejándonos pie a la reacción más humana posible, sin discriminar cuál sea. Es paradójico, porque la insensibilidad que causa la rutina periodística exacerba la emoción cuando un hecho en realidad y sin siguiente edición nos amarra hasta que nos suelta, si es posible.

Se atiborra el periodista cuando se siente incapaz de contar la historia que lo inhibe.
 12/08/2020
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Sushi
En la vida necesitamos retos y quienes nos patrocinen dar pasos hacia lo desconocido para abandonar la tan mentada zona de confort. Ese lugar es un paradigma nutrido por conjeturas y justificantes miedos que nos animan a envolver lo que controlado está. Nuestras distancias y diferencias han existido con nosotros por años y las tenemos allí, a veces, consentidas dentro del pretexto de evitar problemas. Cuando trascendemos sabemos que estamos siempre más equivocados que acertados en lo que pensamos y empezamos a reconocer nuestra mente como un cementerio de oportunidades. El sushi ha sido una razón simbólica de ello. Siempre me había negado por varios factores, entre ellos, mi temblor en las manos que me convierte en malabarista con los palillos. Natalia Barreto es una amiga que llegó este año a repasarme que la espontaneidad es un camino seguro a la felicidad. Me propuso varias veces comer sushi y me negué. Hace poco me convencí de creer más en Natalia que en mis potenciales vergüenzas. Aunque no soy amante de la comida asiática, pude hacer un estreno decoroso. Las manos me funcionarios bien y Natalia celebró, como una pequeña niña, grabándome videos y tomándome fotos, que me había sacado de la bolsa de miedos conocida también como zona de confort. En esos momentos sabemos lo divertida que es la vida y saboreamos con justicia la dicha de vernos confiados y queridos.

Quien renuncia siempre al riesgo, poco conoce lo que es vivir.
 09/08/2020
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Completar ciclos
Hay una urgencia manifiesta dentro de la humanidad contemporánea: cerrar los ciclos. Las presuntas conclusiones llegan, muchas veces, a modo de enmendadura, lejos de alcanzar su completitud. Algunos retazos -con intenciones de cerradura mal configurada- se caen con el paso de los días de fuertes vientos, desnudando así la última punta en la que se movía el curso antes de cerrarse intempestivamente. Es doble tarea, obsesión primaria de todos los perezosos y miedosos. Algo distinto es completar los ciclos; saber que no se pueden apresurar ni dilata. Completarlos es automáticamente un tiquete –diferido, o no– a uno nuevo con una carga sana desde ceros, sin que medien preocupaciones o crispaciones propias de aquel que no se pudo finiquitar. Cuando se consuman esos ciclos naturalmente queda el lugar a buenas enseñanzas y balances, en lugar de precipitaciones por abrir nuevas puertas que se pueden cerrar luego por presencias intermitentes.

Completar los ciclos adecuadamente es lo único que nos brinda perspectiva.
 07/08/2020
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La muerte del amigo
Llegué al mundo con el convencimiento absurdo de que solo podemos morir en la adultez mayor o en medio de la sordera propia de la senectud. Cuando conozco noticias aterradoras como la muerte de un amigo choco directo contra la barrera de la realidad versus la programación mental con la que he vivido por mis cinco lustros y medio. La muerte de Will me ha conmociona. Lo supe por una publicación de Sam justo cuando estaba al aire en la mañana. No sé cómo logré coordinarlo todo. Leí y no podía creerlo. A Will lo conocí en septiembre del 2008 y desde entonces fue una persona amable y cálida hacia mí. Pude seguirlo en sus clases de español, también. Sam y Brandon, mis grandes amigos de St. Cloud Cathedral, donde estudiamos juntos, sienten y sufren una pérdida mayor. Un confidente con quien gozaron sus mejores momentos se marchó inesperadamente hace algunas horas por la gravedad que puede causar un malfuncionamiento corporal y la inutilidad de cualquier reclamo ante la naturaleza. La noticia nubló mi día, por completo, como también esta nota. He cavilado sobre las gracias y desgracias del existir, como también agradezco a la vida por los amigos que siguen allí, con templanza y que componen la vida. Esta mañana Sam resumió bien todo esto: “Hemos pasado por muertes difíciles, pero creo que es un camino que nos reúne a todos”. Hoy es el cumpleaños de Brandon, seguramente insulso para el gran narizón. Las aparentes contradicciones de esta vida.

Pesa ver la vida florecer y, de repente, marchitarse. Por el descanso de Will.
 05/08/2020
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Punto de restauración
En ocasiones me congracio por la existencia de herramientas tecnológicas que nos permiten regresar el sistema a un punto previo para restaurarlo y admitir que funcione correctamente tras un error o una acción corrupta que le impide continuar su ejecución. En la vida hay algunos momentos similares –o algo sí–. De repente, tras meses de variabilidad y cambios, llega un lapso en el que todo cesa. Prácticamente, una analepsis, una regresión en el tiempo. Pero, a diferencia de los autómatas, cuando surge la sensación de volver al pasado, la lectura de la realidad es diferente. Los dolores ya no duelen, las alegrías no son tan apasionantes, los intereses son menos punzantes y todo tiene una visión más neutra. Por suerte, esta regresión es solo una sensación absorta dentro de la infalibilidad del tiempo que reconoce que se puede restaurar, pero que no se puede regresar. Allí llega noticia del punto de avance. ¿Se ha movido usted o se quedó con las piezas del pasado? El punto de restauración es encontrarse con el pasado y continuar en paz y sin tormentos.

La restauración ocurre cuando vemos el pasado de frente y preferimos nuestro presente.
 04/08/2020
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El primer ponqué
Me tomó un poco más de 27 años para entender el privilegio y el lujo que es pasar tiempo de calidad con mis padres. Cada día agradezco por ellos y a veces me pregunto cómo sería mi vida sin ellos, cómo sería el sentido de todo. Con mi madre, espónsor y cómplice de toda aventura emocional por la que paso. Hace poco, en un arranque de supermercado, compramos todo lo necesario para hornear un ponqué de chocolate. Llegó el momento de hacerlo y fue emocionante ver lo bisoño que soy para todas las artes culinarias y cómo ella me supo guiar en todo el proceso para obtener un producto que excedió mis expectativas. Batir, hornear, observar, medir, analizar si era el punto. Celebrar, reírnos, regar la mezcla. Cada instante como un sello absoluto que queda compartido; al fin y al cabo, el ponqué solo fue un vehículo para divertirnos y para repasarle a mi abuela, desde su descanso, que no le fallo en la tarde de cocinar y, más que todo, comer dulce. Le he contado a todos mis amigos sobre esta proeza, seguro de estar aprovechando el tiempo a quienes más les debo.

Reconocer a quien te hace feliz sin deuda alguna es el primer paso de la plenitud.
 02/08/2020
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Rescindir
Este verbo derivado del latín tiene como raíces cortar del todo o anular algo para volver a la situación inicial antes de que se produjera. Es, casi, separar una cosa de otra consciente mente. Los millenials ya no usamos más este verbo: solo damos control + Z. Aprendemos a deshacer, pero eso es solo única quimera si se compara con la realidad de la vida. El diccionario instrumentalizó su uso y lo limitó. No equivale ni a prescindir, despedir, o abandonar. Así, pues, pocas cosas se pueden revocar y pretender que nunca existieron; siempre habrá una marca que delimite aquel lindero entre lo ideal y lo existencial. Se rescinden contratos, pero siempre estarán los motivos que llevaron a abolirla. No se pueden rescindir relaciones, porque nos formaron. Se podrían rescindir de ciertos recuerdos sin saber si punto de salida, si la nostalgia o si la alegría. Se pueden terminar argumentos solo por el bombeo de las emociones. Rescindimos de la idea de lo que pudimos ser, solo porque no podemos despegarnos de quienes siempre hemos sido. Rescindo de la obligación lingüística del diccionario para poderle dar sentido a lo que ya forja ya como recuerdo.

Es posible rescindirse de personas, pero nunca de sus legados.
01/08/2020
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El club
Solo en El Club del Oyente se puede cantar una de las canciones favoritas con su intérprete original.
María, mi psicoterapeuta, me ha dicho que no todos los regalos vienen empacados en papel –lógicamente- de regalo. La vida nos otorga la posibilidad de sorprendernos con elementos que están en nuestro frente y, aunque nos rehusamos a aceptarlos, luego protagonizan y eclipsan momentos de alegría y jovialidad. Hoy cumplí un mes en mi primera experiencia radial en un programa no noticioso. Es una revista radial que lleva varios años al aire en Manizales y Caldas. Su identidad es: El Club del Oyente. Lo dirige el veterano Juan Carlos Unda y lo acompaña una variada amalgama de integrantes como Pedro Serna, Valentina Campuzano y Carlos Reyes. Yo llegué de último y, como dicen por ahí, he podido reír mejor. Las entrevistas que se producen en este espacio, que son emocionantes y emocionales, son mi recreo laboral. No pensé que convertirme en socio de este club, que abre siempre las puertas a las 10:30 a.m. por los 1540 AM de la emisora que coordino y por redes sociales, se hubiera convertido en el mejor pase para disfrutar la vida.

Ellos dicen que es el mejor magacín de las mañanas cafeteras. Es así.
31/07/2020
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La paciencia (I)
Una parte fabulosa que tiene la vida es que nos podemos sintonizar con ella, entenderla, y dejar de errar vagamente. El mensaje lo he vuelto a recibir de una manera no muy ortodoxa. El mensajero son los motociclistas lentos que van por la mitad de la vía y que no dejan otra opción que bajar al paso hasta que haya lugar a un sobrepaso. Cuando los veo siento hervir una rabia, algo irracional, porque me fuerzan a ir más lento, aunque no lleve prisa. No hay otro menester que guardar la distancia y moderar esa rabia en algo más. No siempre, digo recurrentemente, la rabia debe ser una tirana que llega y actúa cuando quiere; también estamos en la posibilidad de pedirle que se regrese. Cuando lo logramos, entonces, la paciencia siente el ruego y comienza un lento afincamiento en nuestra psiquis. Los motociclistas, con los que poca simpatía cargo, me han enseñado a saberla esperado y a no apurarme sin prisa. Ojalá fueran más rápido, pero no es llegar con presteza, sino saber llegar, pacientemente.

Si la paciencia no te enseña y no aprendes, entonces no es paciencia ni tú la tienes.
30/07/2020
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El umbral
Todo tiene un límite, sentenciamos con la seguridad del cansancio o el miedo que funda toda prevención. Pero a ese límite ya le tenemos medido lo contrario: el umbral. Ese valor nimio con el que podemos medir, si acaso, una magnitud que produce un efecto determinado. Muchos candidatos a posiciones de elección popular conocen bien el término, pues unos lo sobrepasan y logran un escaño, mientras que el resto reconocen que deben dedicarse a otro oficio, por lo pronto. En lo ordinario estamos llenos de umbrales que rompemos frecuentemente: la empatía, el disgusto, el estrés. Cada día nos pasamos de los mínimos que tenemos de control y entramos en negociaciones con sus efectos. Es normal ver que cuando alguien no pasa nuestro umbral de simpatía simplemente “no nos cae bien”, o cuando buscamos congeniar con alguien, si no hay empatía o entendimiento, fallamos en alcanzar el umbral de una relación. Estamos llenos de umbrales que no conocemos porque tenemos es una fijación con los límites, sobre todo, los autoimpuestos.

Sanos umbrales forjan límites cabales.
28/07/2020
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Sostener
¿Alguna vez se han preguntado qué significa el prefijo sos- en el término sostener? ¿Sabemos por qué es diferente a tener? La respuesta puede ser tan obvia como saber que el restaurante es el lugar donde nos restauramos con alimentos. Sostener es fruto castellano del latín sustinere y significa “sujetar desde abajo”. La vida nos propone, sin saberlo, que sostengamos muchas situaciones porque sabe que tenemos el equilibrio necesario para poder estar allí, apoyando con algo de armonía lo que puede caer tarde con temprano si sigue oscilando sin parar. Sostener no es fácil, requiere de un preciso soporte del peso para que no todo termine violentamente contra el suelo. Cuando sostenemos a alguien próximo a caer nos concentramos en brindarle un poco de calma. No se puede sostener y caminar al mismo tiempo, si lo que se quiere servir es calma. Cuando sostenemos otorgamos toda nuestra atención hasta permitir que el otro cuerpo vuelva a su estado de tranquilidad. Para sostener no se requiere de fuerza, sino de firmeza. Donde sea que se encuentre es un regalo enorme.

Jamás sabremos qué nos va mejor, si como sostén o como sostenidos. 
27/07/2020
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Temor y miedo
Estos dos están entre las emociones que más definen nuestra humanidad. Crecemos con ellos y pueden tomar control de nuestras vidas sin que lo sepamos o podamos hacer algo. El miedo es una angustia, una sensación de recelo por lo que consideramos puede significar un daño, sea real o una conjetura imaginaria. El temor nos mortifica y nos orienta a negarnos ante situaciones que consideramos dañosas o peligrosas. El temor es el pozo profundo de la desconfianza ante nosotros y nuestras capacidades. El miedo es la expresión perturbada ante un presente que nos puede atormentar. El temor arruina el futuro poniéndole el antifaz del presente, llevándonos a reacciones que vemos después como desproporcionadas y que nos llevan a perder cosas y afectos que con mérito y esfuerzo hemos ganado. El miedo puede acomodarse a una lógica situacional, el temor es una cárcel con las puertas abiertas. El miedo es circunstancia, el temor es prevalente y permanente. Por eso, en la casa del temor solo habita uno. Cuando el miedo pasa, caben todos. La diferencia es la templanza y, claro está, la sensatez para querer perder ambos.

Nuestro mayor temor es nunca haber entendido que era solo un miedo.
26/07/2020
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El aguante
Siempre que me pasa el término ‘aguante’ por el frente pienso en barristas de fútbol; convencidísimos seres en encontrar la alegría gracias a la victoria deportiva, por ello, soportan múltiples angustias, la mayoría breves, para continuar dándole forma a lo que tanto apoyan. Aguantar, en la vida ordinaria, no se distancia de aquella definición. Cuando aguantamos nos convencemos del final de algo, más allá de las fatigas de su camino y nos orientamos hacia este a rajatabla. Ese ánimo nos exige muchas veces confrontaciones con lo que realmente queremos, pero, claro está, el convencimiento de lograr lo que anhelamos es un motor mayúsculo que nos lleva a conseguir lo planeado sin conciliación alguna con el resto de la mente. También, aguantamos personas. En unas, porque son impredecibles y tercas, pues, muchas veces, no se permiten un sorbo de ayuda para abandonar sus armaduras oxidadas. Las otras, son las que hieren, pero hay que soportar, pues están atadas a un fin terciario. Aguantar personas puede que ser algo nos dé, pero siempre con un costo. En otras, tiene una retribución, y es que ese “aguante” se transforme eventualmente en afecto verdadero y compasivo. Entonces, abandonaríamos parte de nuestro ego satisfactoriamente y habremos encontrado parte del sentido de la vida, pues la lucha ajena se torna propia.

Aguante es paciencia y fuerza engranadas, pero sin freno.
25/07/2020
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Dejar ir...
Quizás esta acción comprenda la dificultad de la mente y relaciones humanas. Dejar ir no es fácil, sobre todo, porque la llegada también fue, por excelencia, voluntaria. Dejamos ir cuando sabemos que no podemos aportar o soportar más. Reconocerse en este escenario es complejo, pues cuando regresamos a nuestro estado anterior, hacemos regresión a un cúmulo de cosas que antes fueron propias y hoy son extrañas. Dejar ir siempre propone dificultad, pues es cercenar una parte del encuentro mental diario y, casi, capar la memoria hacia un cambio de velocidad doloroso y celoso. Pueden aparecer síndromes de abstinencia o pensamientos súbitos de arrepentimiento que nos muestran dimensiones reales o infladas de todo lo que fluyó en un río interpersonal y afloran reconciliaciones, débiles o reforzadas. Hay que dejar ir, sí o sí, cuando las demás personas ya no se siente felices ni cómodas; tampoco se revisten de ánimo, como antes, sino que todo se reduce a la modorra. Al dejar ir, nosotros somos los primeros en hallar una nueva forma de libertad. Dejar ir es dejarnos ser.
Dejar ir antes de que se convierta en una pesada despedida. 
23/07/2020
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La fatiga 'positiva'
El cansancio es otra de esas sensaciones que tiene mala fama entre casi toda la humanidad de occidente y siempre se buscar exterminarlo. El descanso siempre hace carrera; a todas horas merece anhelo. Pero, como todo, no puede verse desde un punto ambivalente, sino que existen todas las gamas. Considero que existe una fatiga positiva, esa que se amolda cuando buscamos corregir la percepción de lo que nos pasa. Hay marcas, fatigas y memorias que nos dejan momentos supremos en dificultad; esos aprietos se vuelcan a ser un cauce completo de granos que forman un orgullo personal, una meta conseguida, un alto superado, un proceso completado y un carácter reformado. El cansancio ‘positivo’ lo vemos con cariño en nuestras marcas en la piel, en nuestros pensamientos recurrentes porque, al final, reconocemos, de veras, de lo que estamos hechos y para qué lo estamos. Nunca olvidaremos lo cansados que estuvimos, pero siempre recordaremos lo recuperados que nos sentimos.

Fundamental que el cansancio no entre solo por el corazón.
21/07/2020
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Apostar
Todo esto es un oxímoron: es de seres arriesgados y confiados apostar. Pero no hablo de las apuestas de casino o de cualquier juego en el cual medie el azar. Refiero apostar por ideas, momentos o personas, libres de toda seguridad, para conseguir algo. Bien reza el dicho: “Quien no arriesga un huevo, no consigue un pollo”. Es así. Algunas apuestas salen mal (muy mal) y otras se retribuyen con creces. Quien aprende a apostar, aprende a perder y pasa en vela cuando gana, mientras que quien lo hace esporádicamente purga en sufrimiento todo lo que no puede controlar. Apostar es hacer algo que se nos recomienda siempre (detestable) como salir de la zona cómoda –o de confort–. Hay personas que se quedan fuera para siempre y otras que se regresan. Unos lo pierden todo y otros lo mantienen casi todo. Así se mide la vida, solo que en cuanto sabemos cómo apuesta una persona sus días, entonces, reconocemos a qué le teme y, con ello, ya sabemos mucho. Hay personas que apuestan por el amor, pero se frustran y creen que haber perdido es su culpa. Otras quieren forzar un proyecto a que suceda, pero lo esconden como una apuesta. Apostar habla más que nuestras mismas apuestas.

El apostar, o no, realmente nos desnuda sin que sepamos cómo nos ven. All in.
16/07/2020
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Dar(se) espacio
Si hay un elemento complejo dentro de las relaciones humanas está el saberse dar un espacio de otra persona. No tengo claro si es lo mismo que alejarse, pues quien lo hace termina por ausentarse. Dar un espacio es oxigenar y permitir que las cosas tomen un nuevo respiro. Al alejarse, probablemente, se encuentre otro camino de regreso. A veces, cuando buscamos darnos un espacio somos mal entendidos y suele pasar que comiencen algunas presiones de personas que creen que se trata de algo de ellos y no propio. Pero no es así. Lo complejo -o complicado- es cuando debemos dar ese espacio sin que se nos haya pedido explícitamente. Entonces, aflojar las tuercas que unen nuestras relaciones será un reto, sin que con ello se pierda la estructura y volvernos a armar después del respiro. Darse un espacio es permitirse tiempo de volver a hacer las cosas.
Fundamental que ese espacio no se llene de nada.
14/07/2020
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Irse de culos
A nuestra edad, la locución irse de culos puede tener muchas definiciones, unas más profusas y calientes que otras, pero de eso se trata esta nota. Hoy me fui de culos y ha sido el momento más florido y extraño en lo que va del mes. Por alguna razón, me levanté a mirar por la ventana de la oficina para revisar que todo estuviera bien en la calle donde estaciono el carro. Ninguna anormalidad, pero, al regresar, cuando procedí a sentarme con la confianza de todo lo mecánico, ya no estaba la silla. Lógicamente, me senté a mayor velocidad, pensando que la silla cómodamente detendría la física detrás de mi acción de sentarme. Pero no fue así, no hubo tal… Aún indago cómo se movió la silla medio metro de donde estaba sentado y me vendió con sigilo la idea de sentarme en el aire. Como es obvio, después de cierta altura, el cerebro comprende que está en caída libre para detención exclusiva del suelo. Eso sí, es maravillosa la velocidad de reacción de los reflejos y de los músculos para tensionarse y afrontar con firmeza (y decoro) la caída. Toqué el suelo. Touchdown! Me fui de espaldas, pero la pared me atajó. ¿Quién me vio? Miro a todos lados y por fortuna no hay fisgones a la redonda. Entonces, recojo los pedazos de dignidad y suficiencia que me quedaban, los sacudo tras la caída y me paro de medio lado, cogiendo con honradez la silla y cayendo en ella como nada. Dolor de glúteos, pero orgulloso de no haber sido visto. Me fui de culos, pero alcancé a volver. Ya no me puedo sentar bien, aunque me siente en confianza.

Lo importante de toda caída es no dejarse ver.
10/07/2020
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La recta final
Los humanos tenemos un gusto inexplicable por los lugares comunes (del lenguaje). Consecuentemente, por eso, son comunes. Estos recursos lingüísticos nos funcionan para expresar ideas sin mayor criterio. Entre esos está la famosa “recta final”, que deja denotar que todos los finales son rectos y a merced de toda velocidad. Pero, ¿qué tal si el final da en una curva donde debemos bajar la velocidad y tener más precaución? Repetimos frases y lugares comunes sin mayor pensamiento. Nos sentamos en ellos como refugio para evitar asertividad y dureza del lenguaje, pero, qué más da, vivimos sin poder decir lo que pensamos y hacemos lo que queremos decir sin pensarlo. Apuesto a decir que en la vida son menos las rectas finales; porque, generalmente, antes de concluir algo debemos pasar por toda suerte de curvas que nos permiten pasar la línea del triunfo sin saber dónde estaba. No vaya ser que después de la recta final demos la vuelta del bobo.

Lo mejor es no hablar a las carreras.
08/07/2020
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Recapacitar
Superé, después de muchos amaneceres, un periodo de incapacidad. Pero, desde que me volvieron a habilitar para la vida real, me he cuestionado qué sigue… ¿La recapacidad? ¿Vuelvo a ganar mis habilidades? ¿Se tornan legítimas? El término no existe –lógicamente– en el diccionario, pero sí me lleva a unir inescrupulosamente la palabra incapacitar con recapacitar. Cuando uno ha vencido la enfermedad y se ha repuesto, ¿qué debe hacer?: Rehabilitarse, normalizarse, ¿recapacitarse? El diccionario indica que recapacitar es “volver a considerar con detenimiento algo”, pero, justamente, de eso se trató toda la incapacidad, de reflexionar lo que nos llevó a la licencia. Cuando se está en incapacidad, en teoría, no hay capacidades para hacer algo. Entonces, el estado posterior de la incapacidad se debería llamar ¿recapacidad? Alguien podría gloriarse de decir que está recapacitado, incluso. Como leen, no tengo muchas cosas interesantes en qué pensar. Debo recapacitar.

Recapacitemos.
07/07/2020
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¡Ríase, marica!
img.huffingtonpost.com
Entre mis muletillas de confianza está marica, que en nada busca ser ofensiva (así que, si usted considera que decir esa palabra es denigrante, le invito a abandonar el barco antes de que se termine de hundir). Con marica uno le habla al amigo con el beneplácito de la confianza, rinde cuentas a la simpatía y demuestra que las palabras solo palabras son. Generalmente, usamos el término para denotar atención o ser imperativos. ¡Ríase, marica! Es algo que he notado que se ha vuelto recurrente en meses recientes en mi jerga: prácticamente hay que pedir risas, alegría, espontaneidad… Y no es que todo yo lo refiera o lo demande a la risa –o sonrisa–, pero el humor, insisto, debe vivir siempre con nosotros. Sabernos alegres es tener una capacidad de risa, de burla, de antojo sobre lo absurdo y curioso y sonsacarle el gozo por encima de la crítica aburrida o trascendental. Habrá quienes digan que no todo da risa; yo solo les puedo decir: ustedes se lo pierden. ¡¿Qué otra cosa más liberadora existe con los amigos que carcajearse, con fuerza, sin pudor ni miedo?! Por eso no invito a otra cosa, sino a reír, de verdad, de las pequeñas y las grandes cosas, sobre todo si son nuestras y antes nos han provocado sentirnos ridículos. Nos pasamos la mayoría del tiempo serios, concentrados, acomplejados y rumiantes de ideas y, por esa situación, no tengo otra cosa que, cuando vea que hay una ventana de oportunidad: ríase, marica.
Si algo va a estallar en usted, que sea un ataque de risa.
06/07/2020
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Incoherencias
Siempre castigamos las incongruencias de los demás e ignoramos casi con cinismo, quizás, las propias. Exigimos al mundo que sea consistente: que actúe según lo que dice y hable según lo que hace. Pero ver el mundo solo con este tipo de dualidades puede ser una fórmula vanidosa y peligrosa para querer entender a los demás y, a juzgar por esta perspectiva, terminaríamos actuando igual: siendo infalibles en el juicio, pero tolerando comportamientos inanes e inaportantes para sostenes falsas paces. Sin embargo, hay una emoción que siempre recalca que las expectativas son el empedrado camino al infierno: la frustración. Ver que en nuestro entorno hay incoherencias animadas por inseguridades y tentaciones nos hace arder por dentro o querer botar a la caneca compromisos interpersonales para podernos liberar de la sensación de vernos atados a personas que no saben lo que quieren, aparente o cobardemente. Lo peor es que si no bajamos guardia ante esto, terminaremos por contradecirnos a nosotros mismos y ser tremendamente incoherentes.

No siempre lo coherente es lo más bello, pero sí lo más estable.
05/07/2020 
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Pedir favores
Soy malo –perverso, diría– para pedir favores. No se me da fácil entregar o delegar cosas, bajo el concepto de gentileza, para que alguien lo haga por mí. Podría decir que las decepciones o frustraciones cuando he buscado que alguien interceda por mí en la ejecución de alguna tarea me han llevado a resguardarme en la reserva para solicitar esas ayudas. Al contrario, disfruto mucho hacer favores a los demás. A veces, incluso, se me dificulta pronunciar una negación ante una solicitud noble de refuerzo. Por eso, me pongo a pensar por qué me quedó faltando impulso para tener la confianza de pedir un favor cuando lo necesito, en lugar de realizar complejas ecuaciones mentales sobre la necesidad, el motivo, la efectividad y el índice de resolución del favor para que no me lo cobren luego. ¡Vaya tonterías! Hace poco pedí un favor algo importante y la persona ignoró, eventualmente, la petición y tuve que hacerlo yo mismo y, por eso, temo que no volveré a hacerle solicitud alguna. No sé por qué obro así, como tan vindicativo, pero, naturalmente, veo que hay un desequilibrio. Bien decía el doctor Martin Luther King Jr: “Nada se olvida más despacio que una ofensa y nada más rápido que un favor”. El problema es que hay poco olvido, casi siempre, para ambos, en mi caso.
Aprender a hacer favores es hacerse un favor; decir no, otorgárselo.
03/07/2020 
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Sabernos leales
Una cosa es saber en qué consiste la lealtad y, otra, en sentirse revestido por ella. Conocer nuestros principios y lo que nos identifica es lo que, teóricamente, nos mueve y califica nuestra existencia. Pero en el camino se atraviesan tentaciones que desbaratan lo que hemos aprendido y, luego, se falla en aplicar. Precisamente, eso es lo que hace grande y única la lealtad, porque es un pasaporte real y auténtico a saber de qué estamos hechos. En ocasiones se puede confundir la lealtad con la fidelidad, pero son diferentes: en la lealtad nos cumplimos mayormente a nosotros para poder ser fieles a otros y, también, a nosotros mismos. Es un círculo, no vicioso, sino virtuoso. Para ser leales se exigen condiciones de genuinidad, verdad, legalidad y realidad; no podemos ser leales a lo que falta a esto, pues solo seríamos unos fanáticos. Cuando sabemos que nos caracteriza la lealtad conocemos enteramente el significado, entonces, de la coherencia.

La lealtad siempre brilla un cuarto antes de que empiece a oscurecer.
01/07/2020 
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Volver
Pocos verbos pueden revolver nuestro interior de tantas maneras como el término volver, que es diferente a regresar. Volvemos a un sitio en el que estuvimos; a un estado que fuimos, a algo que queremos o no queremos ser. Las exparejas vuelven para retomar lo que alguna vez fueron, pero con claras diferencias, alejándose, precisamente, de lo que fueron en esencia. No soy Heráclito –claramente–, pero considero que nada vuelve a ser como lo fue una vez. No obstante, hay cosas que nos hacen volver a un punto específico: una canción, una película, el arte, el recuerdo. La mente tiene esa poderosa capacidad de llevarnos adonde queramos dentro de los parámetros de la memoria o la creación, y después de ella, volvemos a la realidad. Volvemos, vuelven, vuelves y vuelvo. Lo cierto es que todos vamos, mientras no solo nos devolvamos.

Si hemos de volver, nunca olvidemos a dónde íbamos. 
30/06/2020 
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Corregir
Corregir es cambiar. A veces nos resistimos al cambio, por ende, las correcciones nos duelen y se hacen un camino pedregoso que se atraviesa descalzo. También, podemos rebatir la corrección porque creemos que no se nos ajusta, como si la razón tuviera un sastre que midiera qué argumentos y motivos sí pueden prosperar y cuáles se hunden hasta el fondo del rechazo. Corregir es un acto que debemos aprender por instinto, cuando aprendemos que hemos equivocado nuestro paso y que es necesario dar un giro. Hacemos correcciones en las formas en las que tratamos a los demás, brindándoles un poco más de afecto, o alejándonos más de las personas que desnudó la realidad. También funcionamos como correctores cuando el miedo nos anima a actuar con prevención, siendo este un acto de pispicia y enorme talento. Quien corrige con tacto, logra el cambio que el paciente no pudo o no vio. Cuando nos corregimos, por enseñanza de la vida, por crisis o por caos, entendemos que debemos permanecer dúctiles, antes que dóciles, para poder enfrentar cualquier enmendadura. Al final, entendemos que todo se puede corregir, menos eso que nos conjuga un placer culposo.
Corrígete si te crees incorregible. 
29/06/2020 
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Una palabra faltante
Mi consigna es que todo se puede explicar con el lenguaje. Pero este párrafo va más allá. Hay una sensación que mira y aún busca, creo yo, un término que bien la cobije. ¿Cómo llamamos a esa sensación en la que sentimos que perdimos lo que nunca tuvimos? ¿Tiene ese evento una palabra que lo pueda desglosar? Algunos podrían decir que se trata llanamente de una desilusión, pero es un poco más que eso. Otros dirían que puede ser una decepción, pero todo depende de la altura desde que se mire: si fue pérdida o serendipia invertida. Es corriente escuchar que en el fútbol un equipo pierde dos puntos cuando empata de local o que una actriz pierde un galardón, cuando solo se le nominó. Entonces, ¿qué haremos cuando la oportunidad es la pérdida? ¿Perdimos lo que fue o lo que pudo ser? Parece que nos hemos acostumbrado a acumular pérdidas que nunca nos quitan nada y, así y todo, llegamos al pesar.
Ojalá lo que falte no solo sea imaginario.
28/06/2020 
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La firmeza
Si hay algo de lo que los jóvenes carecemos y tenemos que aprender forzosamente durante nuestra existencia es la firmeza. Esa entereza que se nos exige sin ser aprendida y, también, sin ser portada, es la que define el curso que puede llevar cada empresa y proyecto que abarquemos. Me pregunto en muchos casos por qué es nuestra naturaleza ser débiles y dóciles, en vez de firmes e incorruptibles y es que la respuesta, creo, no puede ser otra: estamos en constante reforma y no somos el estaño de una moneda para vivir sin cambio y con, prácticamente, la misma valía hasta que llegue nuestro fin. En la firmeza no hay lugar para el abatimiento y se diferencia de la fortaleza, porque en la firmeza hay todo un molde dispuesto de constancia y moral para poder soportar cualquier embestida o crisis. Hemos aprendidos a ser firmes, pero a veces, somos implacables, y ese, tampoco, es el fin. La firmeza es nuestra capacidad de prevalecer, aunque nos tiendan trampas, solo para vernos débiles, bien sea dentro o fuera.
Nuestra firmeza; indeleble, como nuestra más fina firma.
27/06/2020
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Recibir afecto
Recuerdo, cuando era niño, leer en todas partes que Manizales era la “Capital del afecto”. Para mi edad, entonces, no comprendía muy bien a qué se refería la campaña oficial, de esas que cuestan tanto dinero a las arcas municipales. Crecí creyendo en la distancia que existe entre el afecto, el querer y el amar. Hay quienes posan sus linderos entre cada uno para aclarar lo que sienten, como si hubiera fronteras afectivas en su “razón” o “corazón”, como gustan llamar otros. Ahora, con un poco más de años, encuentro que hay sujetos de afecto que no lo quieren, o lo desprecian. Es como si una especie de paranoia les prohibiera tocar la esencia. Asimismo, están los que temen al dolor y por eso no se embarran ni se untan de (la) verdad. Debo decir en esta nota que no entiendo ni comprendo a quienes se resisten a recibir afecto. No sé si sea porque hay estructuras tan rígidas en su ser que cualquier ductilidad les genera automáticamente desconfianza, pero se resisten a renovarse que es, en últimas, lo que causa un buen afecto. Por ende, siempre será más de lo que se pierden que de lo que ganan.

Déjate querer sin calcular los afectos (y los efectos).
26/06/2020
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Serotonina
“En momentos de alta euforia nos gastamos el mercado mental del mes en un instante. Para volver a tener de qué vivir, el cerebro se puede demorar días o semanas buscando el equilibrio. Por eso, la serotonina hace parte fundamental de la salud mental y tener niveles estables es esencial; hay que mantener mercado en la casa”, me dijo una vez un psiquiatra en una explicación de por qué a veces fallamos anímicamente los humanos. Entre todos esos neurotransmisores (abreviados) como aminoácidos gaba, glicina, glutamato, dopamina, histamina, noradrenalina, sobresale la serotonina. Algunos la llaman la hormona –o neurotransmisor– de la felicidad. Yo solo la llamaré la clave para procesar algunos de nuestros aspectos más personales como el estado de ánimo, el deseo o la función sexual y que definen tanto de nuestra forma de ser. Pero, también, carecer de niveles adecuados de serotonina nos puede encaminar a episodios depresivos. Por medicación, desde hace algunas décadas se busca, vía antidepresivos, darle una mejoría al desequilibrio, aunque acciones o lugares pueden cooperar al avance. La serotonina, que nos puede hacer sentir ganas de vomitar, también está en nuestra función intestinal o en la mala memoria y la dificultad para dormir. Es curioso que nuestros grandes problemas, a veces, solo se vean desde un microscopio y se sientan en lo profundo de nuestro ser, donde están verdaderamente afincados. Que no nos confundamos buscando la felicidad cuando ni sabemos sobre qué estamos parados.

Dale a la serotonina la misma fama que le das a la dopamina; es más sano.
25/06/2020
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Desencanto
Hay sensaciones o emociones que siempre llegan, como la hora de partir, que retumban en nuestro ser como una clara sentencia. El desencanto es una forma de anuncio del fin de una ilusión y, quizás, un regreso a la realidad o un cambio de concepto. Desencantarse, como siempre lo he dicho, no es bueno o es malo. Solamente es la ratificación del paso de la euforia y su regreso a su estado natural. En el desencanto hay quienes toman decisiones, bien sea porque se aburren (son facilistas), o porque se desinteresan al ver una pérdida colosal de la empatía. Allí ya nada queda por hacer. Las cosas no eran como se habían imaginado y las mentiras dopantes del cerebro hacen de las suyas para señalarnos que los cuentos de hadas solamente eran factibles en el enorme espectro de nuestra imaginación. Queda una salvedad: quienes sí cambian y dejan entrever que las dudas son el suelo en el cual echaron a andar su personalidad y nunca terminan por conocerse. Pero allí no tratamos el desencanto, allí, simplemente, hallamos la verdad y, con base en datos, sí podemos cortar cualquier árbol.

Desencantarse es desencartarse.
23/06/2020
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Silencio
A veces llegan muchas ideas a la cabeza, pero pocas prosperan en convertirse en pensamiento reiterativo o coincidente con la realidad. Otras se animan para invitarnos a escribir, pero evaden llegar a la práctica y a quedar desnudas en el registro de las letras. Aunque han sucedido eventos sensibles durante las horas recientes, han pasado jornadas con este anotador en modo ‘stand by’, a la espera de que llegue una idea a darle forma y, quizás, color, pero no el cromático. También, porque, después de todo, el silencio y la detención súbita de ideas es una forma de enunciar. Dicen, precisamente, que hay silencios que hablan más que cualquier otra forma de expresión. En silencio contemplamos, gestamos la planeación, leemos la verdad y el presente, damos control a la realidad y nos animamos (o desanimamos) ante lo que hemos construido como vida. En silencio, escuchamos. En silencio, nos escuchamos.

Afina los silencios para que sean una cómoda sinfonía en la verdad.
22/06/2020
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Genuinamente
Las personas genuinas me encantan. Son cándidas, fiables y, sobre todo, verdaderas. Cuando existe ese vínculo y confianza consigo se entiende ante los demás que no hay necesidad de aparentar ni justificar la vida tal como lo es. Esta reflexión me llega tras un libro que recibí por Manuel con una sentida dedicatoria, una que estaba llena de amor ágape, auténtico y que me quebró la voz. Cuando alguien se toma el trabajo de escribir para darle tiempo y morada a sus sentimientos tiene esa fuerza que vuelca corazones a vivir sin temores, con la confianza de decir las cosas y, también, por qué no, retribuirlas. Sucede, por ejemplo, con las personas impedidas –por cualquier razón– de retribuir afecto expreso. Es frustrante, porque es lo más parecido a dar la mano para caminar, pero ser rechazada porque esa persona aprendió a caminar por miedo, únicamente, a caer. Cuando nos expresamos demostrando lo vulnerables que somos, lo cálidos y afectivos, cuando compartimos nuestros pesares y nuestras dificultades, somos genuinos; somos de verdad. Aprendemos a serlo, justamente, cuando llegamos al hartazgo con los confundidos y autoengañados en sus propias mentiras.

Expresarnos de verdad debe ser fundamento de confianza, no de miedo o malentendidos.
19/06/2020
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20 años
Todos tenemos esta foto. La imagen cumple por estos días 20 años y, después de sacarla de su bolsa histórica, lo primero que hice fue criticar que el fotógrafo nos hubiera forzado a poner el lapicero sobre un cuaderno de fotografías. ¡No tenía ni tienen sentido! Observar la imagen nos pone en contexto con todo lo que cambiamos y buscamos refinarnos. ¿Cuánto hemos escrito con ese mismo puño? ¿Cuántas fotos han registrado nuestra sonrisa? ¿A cuántas caras hemos detallado con la misma confianza como lo hacemos en la referenciada imagen? No podemos negar ni reprochar lo que fuimos, más cuando estas imágenes están nutridas en la ternura y en nuestra infancia que siempre será el regalo más grande que nuestros padres han propendido darnos. Ver la imagen del colegio, cuando la vida era más siempre, pero se agitaba más fácil, nos lleva a entender que hemos caminado por un gran sendero de más de 7 mil 300 días. Me siento orgulloso de ese Luis Felipe, porque ha crecido bien y gratamente rodeado; con buenas amistades, amores corrientes y pendientes. Una imagen simbólica para un periodista en potencia y un narrador por ocasión.

Sonríe al verte sonreír.
18/06/2020
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Bricolaje
Recuerdo en mi infancia, los domingos, quedar absorto al mirar la televisión. Un programa español tenía como fin darles nuevos usos a las maderas disponibles. Las pintaban y todo quedaba con la clase de una buena artesanía. Siempre he considerado que esas actividades son atractivas, por cuanto nos hacen funcionar alrededor de la creación y nos permiten dejar evidencia de nuestro cerebro; tangible queda el sentido y el pensamiento. Hoy salí a una tienda a comprar un par de repisas y fue una labor interesante y agradable, más allá de mi deseo de comprarme todo lo que allí venden. Al regreso a casa mi padre tomó su rol, ese que tanto admiro porque sabe por dónde comienzan y terminan todas estas cosas y pusimos la repisa flotante en la pared. Él, con su medidor y su lápiz, además del taladro y otros elementos propios del bricolaje supo cómo ponerla en la medida ideal y venciendo la expectativa. Y es, precisamente, eso, lo que más me agrada de la edad: saber cómo funcionan y cómo se tramitan muchas cosas en la vida, situaciones muchas en las que puedo ser bisoño y de lo que trata, en realidad, todo este existir: en darle forma a nuestro pensamiento.

Ideemos una forma de plasmar los talentos.
17/06/2020
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Corazones acordeón
Denis me inspiró una idea: es que tenemos corazones, por decirlo así, acordeón: se encogen y luego se abren para dar su mejor tono, su mejor expresión. Este ha sido un día de esos, incomprensible para mí, pero fácil de entender para todos los demás. Mientras hoy se me cerró el corazón para protegerse de eventual dolor por unos minutos, ante el velo que sostiene la esperanza y la ilusión, también fue otro para reconocer que nuestras voluntades no determinan las realidades de las cosas. Podemos orientarnos, eso sí, hacia donde nos gustaría estar, pero es esencial mantener la noción de saber que nuestra vida, aunque responsabilidad nuestra, no es lo que queremos siempre de ella. Hay unos más afortunados que otros para tal realidad, pero es menester mantener un corazón abierto, en función de los demás, para poder alcanzar las metas, de lo cotrario tendríamos un corazón duro y, por ende, insensible. A veces creemos que estamos tan cerca de lo que añoramos, pero no, falta un poco más, para agregarme un poco más de épica; hay que poner un poco más. Para eso, el corazón debe estar abierto; un corazón compungido no podría bombear la fuerza que se necesita para llegar a ese cabo.

Siempre hay más corazón del que creemos.
16/06/2020

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El remordimiento
Nunca he creído en el arrepentimiento, pero sí en el remordimiento. La primera es una sensación de pesar hacia alguien o algo, mientras que la segunda es una inquietud o un vacío interior luego de haber, o no, realizado algo. No suelo ser una persona de arrepentimientos, porque mi naturaleza terca me ha enseñado a mantenerme con la frente en alto, incluso en el pesimismo del error. No veo, eso sí, mucha razón a lamentar lo que ya fue o sucedió, como si eso tuviera algún don sanador o pudiera deshacer algo. Pero, mantener pensamientos intrusivos en la cabeza es una cosa que hay que tratar, incluso cuando lo que se ofreció fue bondadoso, generoso y altruista. Cuando sentimos remordimiento de lo bueno es porque algo, dentro de todo eso, estuvo mal. Quizás el tiempo, la ejecución o la misma decisión. A veces decimos cosas de las que nos arrepentimos, algunas buenas o malas, y buscamos reponerlo o que el silencio del tiempo le dé trámite. También somos indiferentes e ignoramos situaciones y después pedimos tiempo para poder servirnos a una equidad al ego. No sea entonces que le enviemos cartas al destino pidiendo tiempo para poder realizar lo que a su tiempo nunca supimos entender. Bisoños nosotros, siempre.

Sintonicemos bien las oportunidades, más que el peligro de la pérdida. 
15/06/2020
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Los elepés
Tengo un alma vieja, quizás, que vive en un cuerpo de 27 años biológicos. La disparidad es grande; siento que he vivido más de lo que aparento y tengo achaques de personas mayores. No obstante, valoro elementos que son anteriores a mí. A veces me cavilo si un ‘yo’ anterior nació en la década de 1960 o bordeando 1970, pues la música, el arte y varias corrientes literarias de la época me agradan en demasía, tal como me sucede como escuchar música de elepés (long play) o, también, llamados acetatos o discos de vinilo; discos de larga duración en la época que podían tener entre 20 y 25 minutos de música por cara (para no extendernos). Luego llegaron los casetes, la música en disco digital y en streaming, con la mayor pureza posible en el sonido. Los elepés, aunque no son excelsos en la calidad del sonido, agregan una nostalgia y un aire a pasado que da todavía más vida a la música, provoca el sentimiento y amplía el sentir la reproducción de una pista musical. Además, porque su uso es más romántico, al procurar la ejecución correcta de la aguja, cuidar los discos de suciedades y rayones, además de la parafernalia de someterse a escuchar una canción y cambiar. Ya todo es más simple, pero, obviamente, menos divertido.

Que no se raye el deseo de revivir el ritmo de la vida.
 14/06/2020
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Gente problemática
Todos nos hemos encontrado con alguien –quizás yo pueda ser uno de esos, alguna vez– que no propone, sino que indispone. Sus marañas mentales son tan fuertes y bien desplegadas que les impide acoplarse al status quo y lo que el mismo resto puede hacer libremente. En ocasiones nos topamos con personas llenas de quisquillas o situaciones pequeñas, pero en lo que son irreductibles. Es natural que tengamos gustos y disgustos, pero no poder ceder y siempre remarcar los disgustos sin distingo es algo agobiante. Hay quienes, precisamente, deben pasarse a vivir a una urna, porque todo lo que no está dentro de sus obsesiones o compulsiones es una manifiesta puesta de desorden y tedio. Acceder a ellos es difícil y tedioso (no tiene sentido hacerlo), pero estar allí, es todavía peor. Luego, no piensan en cómo se escucha todo lo que dicen, aunque la incomodidad no sea la que ellos eviten, sino la que siempre crean.

Apertura es vivir. Ya.
13/06/2020

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Arropamiento
Entre las sensaciones extrañas –si es que la podemos tildar así– está el sentirse apoyado y arropado por conocidos y seres queridos cuando una situación adversa sucede. También, cuando acontece, afloran sentimientos de solidaridad que, a veces, se hacen difíciles de retribuir. Así mismo, se sienten los indiferentes, quienes discrepan, porque están todo su derecho, y consideran que la desavenencia ajena sería lodo fácil de atravesar en sus zapatos. No debe ser sorpresivo. No obstante, encontrar las voces de amabilidad y de entendimiento yendo por un fin de recuperación o mejora es una sensación o sentimiento que brinda fortuna y alegría. Sentirse arropado y entendido es una gracia existencial que pocos entienden, sobre todo los incomprendidos, como yo.

Es de soberbios arrebatar calor. Es de empáticos ser calor.
12/06/2020

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Anemómetro
Myriam es el nombre de una mujer que ha marcado mi vida. Terry, su esposo; también. Ambos han sido mis padres y guías, además de mostrarme otra forma de ver el mundo. Con Terry conocí hace más de una década la meteorología, una ciencia que ahora define mis días y le pone otros sabores a mi existencia. Hace unos meses me certifiqué de HarvardX en las Ciencias del Clima, situación que llenó de alegría a Terry y quien me lo hizo saber en un texto cuando le conté la buena nueva. Myriam y Terry, aparte de ser esposos, son mejores amigos. Con ellos se puede jugar cartas y fundir las cuerdas vocales con risas fuertes y sonoras. Hoy recibí la sorpresa de que me regalan un anemómetro, un dispositivo para medir el viento y también la temperatura. Tiene varias funcionalidades, pero es el detalle el que tocó mi, ya, muy hipersensible corazón. No puedo esperar a que llegue para aprender y tratar de mejorar mis pronósticos del tiempo para Manizales. Estoy seguro de que me he rodeado de grandes personas en la vida; entre ellos, claro que sí, Myriam y Terry.

Siente el viento de la alegría
10/06/2020

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Tirar la toalla
Para escribir esta nota debo ambientarme en la canción de Los Rodríguez, cantada por Andrés Calamaro, titulada Dulce Condena. Es incógnito si la pieza musical tiene que ver con el escrito, pero puede sazonar bien la idea que más reconforta en las presiones: rendirse. Hay unos chocantes que insisten en que nunca nos debemos rendir, avocándose a obsesiones y obstinaciones sin sentido que pueden dañar vidas en común. Rendirse está bien. Pero, tirar la toalla es mejor. Quizás porque siempre me imagino un cuerpo sudado, una cara sobrecalentada y fatigada y la caída lenta de una toalla, testigo del evento, al suelo. La toalla cae al suelo y llega un punto final.



No importa el problema / No importa la solución
Me quedo con lo poco que queda / Entero en el corazón

Cuando se quiere o se tira la toalla es porque hay una solución buscando salida a ante un sistema que no funciona bien y que genera un desequilibrio en cualquier cuerpo. Tirarlo no está mal. Uno puede tirar la toalla ante una amistad que poco brinda, que mucho exige, o ante un novio o novia que es prácticamente un cerco reductor. Se tira la toalla en trabajos cuando no vemos cómo dar más o crecer más. Las toallas vuelan cuando nos cansamos de insistir. No entiendo por qué está mal visto rendirse, si es que amañarse en situaciones que no son saludables es lo que es verdaderamente reprochable. Este es uno de esos días de querer tirar la toalla. Generalmente, la tiro, la vuelvo a recoger y sigo, mientras valga la pena.
 
Me gustan los problemas / No existe otra explicación

Esta sí es una dulce condena…
09/06/2020

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'En leído'
Aún recuerdo el día que WhatsApp incorporó el ‘chulo’ como notificación de lectura o apertura del mensaje. “La palomita azul” es la misma que se activa cuando una nota de voz es reproducida por el interlocutor o el grupo y es la que ya está en todos los chats como un ‘seen’ o ‘visto’. Desde el primer día desactivé esa función de WhatsApp y lo hago en cuantas plataformas es posible. Creo que hace parte de las pocas cosas de la vida que verdaderamente aborrezco. Hay quienes gustan saber cuándo se les lee; yo prefiero lo contrario. La razón podría radicar que suelo ser una persona de respuestas rápidas o inmediatas y quedar simplemente en el acto de lectura hace todo un poco más difícil; colosal paradoja para alguien que eligió el periodismo. Además, una buena cantidad de conversaciones las respondo luego, no persuadido o apurado por la seña azul. De alguna extraña manera me siento mal leyendo u oyendo a alguien y no generar respuesta o reacción alguna. Probablemente, por esto me fastidia saber que me han leído y he sido notificado de la detención de la comunicación. ¿Qué hace uno ahí? No es que me choque que me ignoren, pues nadie está obligado a crear una conversación conmigo y, además, yo, por ejemplo, ignoro todas las conversaciones que empiezan por “Buenos días, Luis Fernando o Juan Felipe”. El hecho es que no me gusta saberlo. Por eso a veces me tomo personal que me dejen en leído, por saberlo, más que por ignorado. De todas maneras, la respuesta es lo que importa, así se tome mucho tiempo y, el silencio o la inactividad, también, obviamente, es una forma de responder.

Mejor comunicaciones efectivas en lugar de respuestas vacías.
08/06/2020
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Punto de saturación
Image2 | En un contexto de alta humedad,
gotas se desarollan con relativa facilidad.
En la ciencia del clima, en parte la meteorología, se estipula que el punto de saturación -llamado casi poéticamente como punto del rocío- se da cuando el aire en determinada altitud y presión no puede sostener mayor humedad, dando así a efectos como niebla, neblina o bruma. Todo esto se acuña bajo el contexto de humedad relativa casi o al 100%. La condición de sostenimiento del vapor se ve variada por la temperatura y la densidad de aire, pero todo es cambiante. Este prolegómeno es porque nuestra naturaleza es muy similar a las dinámicas, lógicamente, naturales. Los humanos, cuando alcanzamos el punto de saturación solemos opacarnos –a merced de lo natural–, colapsar y emitimos más humedad a forma de sudor. Nos desbalanceamos hasta perder la claridad y quedar inmersos, quizás, en densas nieblas que nos acompañan hasta tanto encontramos un balance para poder volver a tener más luz. Pero hay otros puntos de saturación que son patrocinados por fuerzas externas que copan cualquier intento propio por la ‘neguetropía’ (si hablamos casi en termodinámica), es decir, por un orden o equilibrio. Hay personas que nos llevan al punto de saturación, que llenan todo espacio, sea a bien, por placer, o sea a mal, por hartazgo y apatía… Que atiborran y arrinconan. El punto de saturación, luego de alcanzado, se puede mantener, hasta que algo se decida algo un –desequilibrio– a cambiar el sistema, paradójicamente.

Cuidado con los paseos por nubes que luego se convierten en tinieblas.
07/06/2020

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Sentido de realidad
Los humanos somos expertos en perder cosas. La paradoja es que hasta luchamos por dilapidar algunas para estar de acuerdo con las demandas sociales o hasta hay algunas que nos avergonzamos de tener. Pero, lo que más costoso puede salir es el extraviar el sentido de la realidad. Cuando en nosotros impera otro espectro, alejado de la verdad o realidad, comienzan grandes historias que suelen terminar en inenarrables tormentos porque, al final del camino, siempre está la realidad para repasar sus leyes, justas, crueles o como se les quiera llamar. El entusiasmo, a veces, suele ignorar los principios del sentido de realidad, y se deja animar por los antagonistas: fácil, probable, ilusorio… Pero, cuando el entusiasmo cae, una alberca fría, pero real, nos da la bienvenida a la auténtica forma de la vida, firme y fija. El sentido de realidad es el preferido de nosotros los pesimistas, pero al menos vamos con ‘la vieja confiable’; la verdad que es sobre la idea de verdad que nosotros creemos o queremos creer.

No te pierdas solo en la realidad de tus sentidos.
06/06/2020

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¡Soplado!
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7 para caer en piedra
La cuarentena y la incapacidad laboral me han regresado a dos esencias: la música clásica y jugar parqués con familia y algunos amigos. Hace poco descubrí que es todavía más intenso si se juega con Wagner de fondo, lo que aflora los dramas y las tensiones por lo que indiquen los dados. Con el paso de las semanas he descubierto una habilidad que desconocía para computarizar en mi memoria lo que sucede en el parqués y tener claros los movimientos de todos los participantes y sus respectivas fichas. Pero, el parqués del que hablo hoy es el de la risa, el que da buena y mala suerte en cuestión de minutos, en el que sorpresivamente los dados se confabulan para salvar o hundir. Además, porque es precioso –en cierta manera– enrostrar el error ajeno y decir: “¡soplado! Estaba a tal número y se lo comía”. Da este entretenimiento para tantas emociones que la vida se hace más fácil; la carga se torna más ligera. Otra cosa sucede cuando se crean las masacres cerca de los puntos de salida o seguro porque alguien quiso terminar con la tranquilidad. La Obertura 1812 Op. 49 de Tchaikovsky siempre suena en mi cabeza cuando fichas caen, van y vienen. Este juego, previsiblemente de la India, tiene anexos criollos, como el denominado ‘pateperro’, en el cual el sacar 1 y 2 al tiro de los dados condena a retroceder, trayendo con esto más emoción. En estos días que digo que generalmente llevo la vida del pensionado, el parqués me representa. La risa incontenible por la precisión del azar para mover fichas parece ahora mi bandera.

Muévete y no esperes ir únicamente de piedra en piedra.
04/06/2020

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Cambio de planes
Los humanos somos seres de dedicación. Por obviedad intuimos que algunas personas, proyectos o ideas recibirán más asignación que otras. Es siempre necesario resaltar que la vida no es homogeneidad, sino de una heterogeneidad que nos hace sobresalir, si queremos. Obsta decir que ahora la bandera es por la igualdad, aunque esos son otros terrenos farragosos. La vida puede tener incontables símiles, inenarrables analogías de lo que nos indica. A veces el viento nos hace cambiar y buscar un aprovechamiento de las fuerzas del aire o, más propiamente, cuando las cosas no salen bien, es momento de replantearse lo que se está haciendo y cuán efectivo esto puede ser. La vida nos dice muchas cosas, pero no sintonizamos bien. Ese es el quid de este problema: ¿cómo sabemos que la vida nos dice que tenemos que cambiar? ¿Solo después de llegar al hartazgo podemos despertar y cambiar? ¿Hay que esperar decepciones para poder formar criterio y cambiar? Sin duda, cuando cambiamos de planes comenzamos a volar nuevos proyectos; naves que van conforme nosotros lo queramos: velocidad, altura, aceleración. Cambiar es estrenar, pero a veces nos apegamos a lo que falla. ¿Por qué? Nos dijeron que el cambio; solo si era conocido.

Cambia los planes si también vas a cambiarte a ti.
03/06/2020

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La carta
A veces cuando nos enfrentamos al papel en blanco nos sentimos mirando un abismo, un váter o un infinito que nos reta a organizarnos emocional y racionalmente para tratar dar claridad a una idea o sentimiento. Escribimos y borramos. A veces escribimos y continuamos porque nos sentimos identificados con lo que logramos plasmar. Considero que escribir cartas o epístolas es todavía un oficio superior, porque es un diálogo con un interlocutor ausente, más activo en la memoria y la imaginación que en la presencia clara… Pero más poético es que ese pedazo de papel o ese mapa de bits tenga en su esencia la capacidad de transmitir lo que tiene un corazón a otra mente. No sé por qué no nos permitimos más esta práctica, pues presagia nuestra concentración y concreción en comunicar lo que es verdad; lo que se siente, algo en lo que la gran mayoría fallamos al caer el día.

Conecta armónicamente el puño con el corazón y la cabeza.
01/06/2020

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¿Qué palabra?
A veces nos sucede algo que llevamos esperando –o pidiendo– por un tiempo determinado y cuando se da, nos deja entrever lo diletantes y ásperos que estábamos para la ocasión. También puede pasar que después de que sucede, creemos que es increíble que nuestra realidad corresponda a hechos verdaderos, recién experimentados por nosotros mismos. ¿Qué palabra puede sobrellevar tal carga de deslumbramiento que nos secuestra la mente por horas y nos recuerda que estamos vivos? (Aunque hay otra voz que nos martilla con voces que dicen que pudimos haberlo hecho todo de mejor manera). A veces pienso que lo más puro que hay en estos episodios es recordarnos que pocas, muy pocas cosas están a nuestro control. También, en permitirle a nuestra personalidad ser la que es, con espontaneidad, con risas y penas, pero ser. ¿Qué palabra le ponemos a ese momento que añoramos, sucede y nos recarga y después no sabemos qué hacer? La verdad, no lo sé. Pero, cuando sucede, es genial.

Permitámonos sacar cinco en sentimiento y cero en definición.
31/05/2020
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Secretos
"Cuántos consuelos encontraríamos si
contáramos nuestros secretos". - Churton Collins
Lo que sabemos, pero que no compartimos, tiene vida propia. Como todas las vidas o sujetos preciosos, no se comparte con cualquiera sin destino. Los secretos tienen trayectorias selectivas, aunque, a veces, se permiten caer en el engaño y es ahí donde llega la duda y la agitación. Declaro que cuando me confiesan un secreto no siento morbo, sino angustia, porque ese secreto comienza a ser un peso compartido y me es prohibido poner rodilla en tierra y fallar al pedido. Nunca se puede ser inferior a esa confianza conferida, pues, si se falta a esta no habrá otra opción que convertirse en un paria de facto, separado de toda confianza y credibilidad. Entonces, esa traición será hija de la credulidad y alejada en absoluto de la verosimilitud y confianza que alguna vez se confirió. Los secretos que llevo los cargo hasta donde el emisor lo permite, pero, hay otros, que tendrán que ir conmigo, solo para recordarme del enorme compromiso que implica ser un oyente honesto y leal, así yo también lleve mis secretos y se los entregue a otros hombros.

En los secretos quedan desnudas las dignidades.
29/05/2020

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Los amigos
Hay amigos y están los amigos. Hay muchos, pero están los predilectos; los de uno. No necesitan sello de importación ni laureles para justificarse allí. Los amigos se eligen y, como tal, nos defendemos a nosotros mismos la razón de tenerlos en la vida. Hay quienes dicen que los amigos tardan mucho en confiarse la amistad; yo creo que la amistad tarda en llegarse con la persona ideal. Este año he tenido casi dos epifanías amistosas: redescubrir mis viejos amigos, como sucede con Martín, Julián, Daniel Santiago o Margaret, o entretenerme y maravillarme con los nuevos, como Denis, Manuel, Natalia y Ricardo. Con los amigos la vida toma esencia y, más que eso, por estos días, toma aire; respira. Aunque suene a cliché, con nuestros amigos, nuestra alma reposa, la personalidad se robustece y el humor –de todo tipo– se engrandece. Por suerte, con mis amigos, guardo la mayor confianza y sensatez; por ello, todos los días no se reinicia una amistad solo porque tiene todos los privilegios de seguir.

Sé un buen amigo antes de querer uno.
28/05/2020

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Condiciones
Han pasado 12 años desde que Terry me enseñó las primeras nociones de meteorología. Con el tiempo he entendido que las ciencias del clima pueden reducir nuestras enormes voluntades (o egos) solo con actuar dentro de sus enigmas, aunque cada vez nos ‘adaptemos’ más para sobrellevar sus múltiples expresiones. Somos seres a quienes nos gusta estar por encima de nuestras circunstancias para demostrar(nos) la valía de nuestras ideas e intentos y, a veces, rebuznamos sobre los aspectos que nos median. Por tal, entramos en empresas y proyectos que prescinden del mundo exterior, porque funcionan enteramente bien en nuestra cabeza. Y es allí cuando fallamos al ignorar la dinámica externa, la que nos puede detener y hacer cambiar todo lo que tenemos, porque estamos sujetos –o sometidos– a más elementos de los que nosotros mismos creemos tener en control o a favor. Por eso, cuando realizamos la labor de reconocer el condicionamiento, sabemos cuánto vuelo tendrán nuestros proyectos, así sean hasta más arriba de la tropósfera, donde descansan las nubes que a veces no tapan todo.

Vuela consciente.
27/05/2020

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Emprender
cdn.24 - La velocidad con la que
comemos los helados es la velocidad
con la que vemos la vida.
Por causas indefinidas siempre he asociado emprender con reprender. Siento que a los emprendedores los reprende la vida en sus múltiples facetas por sus apuestas, bien sean estas desaforadas o excesivamente calculadas, que hasta que quitan la sazón a la cocción de cualquier proyecto. Quien emprende tiene la moral suficiente para sobrellevar o apagarse, también para reformarse. Admiro a los emprendedores porque son vocacionales puros; no se puede ser emprendedor con ajustadas miras hacia un punto específico -como un norte- o con los ánimos de abrigarse bajo un colchón de frío dinero. El emprendedor reprendido llega lejos, sabe que más que apostar, todo lo que hace es un aporte. No sé si yo sea buen emprendedor, aunque mi mayor proyecto en la vida ya pasó los cinco años exitosamente, pero yo no soy quien lo financia económicamente; soy quien le da la vida al mecanismo que lo mantiene funcional y exitoso. Quizás, por eso, paradójicamente, mi emprendimiento me reprende por estos días.

Aprende a reprenderte.
26/05/2020

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La ayuda
Los humanos nos podemos discriminar en dos grupos: los que saben pedir ayuda y los que no somos capaces ni de buscarla, sin actuar así de arrogantes. Obsta comentar que recientemente ha emergido otro grupo: quienes la exigen. Siempre me he preguntado qué puede pasar por el pensamiento de alguien que reclama que le ayuden. ¿No se supone que la ayuda siempre es voluntaria? Porque de ser obligatorio, entonces pasaría a ser un trabajo. Ayudar, cuando no obedece a un tráfico de favores, sino porque se hace desde las bases del altruismo, es el mayor catalizador de oxitocina; incluso, nos hace personas galantes siempre dispuestas a ayudar a los demás (teóricamente -como todos estos escritos-). Confieso que me gusta ayudar y aportar a muchas personas, pero tengo todo por aprender para fiarme de la ayuda ajena; no es que sea desconfianza, es que quizás temo que todo sea muy fácil y no lo haya visto con mis propios ojos. No importa. Son solo excusas. Para ayudar, nos las debe haber.

Date la mano, sin excusas.
25/05/2020

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Prohibición

Tefanes Ciruela Notengo es el nombre de ‘pila’ del Maestro Ciruela, un docente de quinto grado que les enseña a sus estudiantes sobre la libertad, la opción y la voluntad; el libre albedrío, básicamente. Ciruela instruye que la enseñanza no es prohibir sobre lo “malo”, sino la capacidad de discernir entre lo correcto o lo incorrecto. Tefanes podría haber vivido también en nuestra sociedad, fanática de las prohibiciones, pero ufanada por su amor a las libertades. Ahora, enfrento un veto complejo: se me prohíbe estar ofuscado. El contrario-primo a una prohibición, quizás, sea la obligación; por lo que ahora se me exige estar sereno y tranquilo y a evitar preocupaciones o situaciones tradicionales del esplín. Es curioso ver cómo se pregona la paz y la imperturbabilidad en medio del incendio, pero se puede aprender a ello. Finalmente, cuando se conoce la calma, no se le vuelve a abandonar; como una prohibición.

Por eso dicen que en lo prohibido inicia el deseo.
24/05/2020

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Manuel

A los bomberos los reconocemos por ser corajudos seres que acuden a apagar el fuego donde se presente y amenace la tranquilidad. Para ser bombero, en cierta manera, hay que ser sereno. No se puede apagar una llama mientras se ignitan otras. A la hora del texto tomar forma, el diagnóstico es fuego en la cabeza. Con eso hay que lidiar ahora y por algunas semanas, pero, por gracia, cuento con estupendos bomberos. Uno es Manuel. Hace parte de quienes están siempre en la primera línea ante la batalla; no teme avisar cuando hay posibles conatos. Goza de grandes recursos, por lo que siempre es oportuno con su ayuda. Bomberos, como Manuel, y muchos otros más que ayudan a sofocar el fuego presente explican la gracia de las relaciones humanas y le buscan 32 caras al dado de la alegría. Aunque muchos bomberos llegan con sirenas y otras sonoridades, este arriba sin ser llamado, pero sabiendo que hay que es mejor revista de que todo esté en orden. El buen bombero está siempre atento de que haya hidrantes o agua disponible en todas las partes para poder atender cualquier emergencia. Allí radica la magia de los prevenidos, como él. Todos necesitamos un Manuel en la vida.

Sé como el flaco.
23/05/2020

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Memoria RAM

De chicos, en la clase de informática, nos enseñaron sobre computadoras. Nos dijeron que estas son supercerebros adecuados por el hombre. Entendimos el concepto de disco duro para almacenar datos y configuraciones. De la memoria RAM nos hablaron como la administradora de procesos. Esta se copa con una cantidad de tareas y, cuando llega a su límite, se bloquea o se toma una eternidad, quizás para resolverlos. A veces la situación es tan afanosa que se hace necesario reiniciar el sistema y hay que ir a lo básico: Desconectar de la energía o forzar un reinicio. Silencio… Reiniciando. Todo vuelve a empezar; no desde ceros, porque el sistema ya tiene una configuración, pero con la precaución de medir mejor las tareas. Así funciona nuestra mente, quizás. Mantenemos una cantidad de procesos abiertos, en forma de personas, tareas, preocupaciones, emociones, etc., que secuestran la capacidad nuestra de acción. Por eso, hay que revisar qué es lo que más devora los recursos de nuestra mente y, si es necesario, detener el proceso, no sea que se queme toda la memoria.

Dale ‘reset’ de cuando en vez. 
22/05/2020

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Sobrecarga

En la actividad física intensa, cuando hay temblor de los músculos es probablemente por fatiga debido a una tensión. Para calmarlo hay que bajar la intensidad, descansar, estirar y comer bien. Hacer una pausa. Lo mismo sucede con nuestra cabeza que, a pesar de aparentar soportar más, como todo, tiene un punto de quiebre. Hay que imaginar todos los hechos que sostenemos a diario con nuestras acciones, hasta que un desequilibrio nos tumba y nos fuerza a reiniciar. Las sobrecargas hacen eso. Nos aplastan de tal forma que nos obligar a pausarnos, a reconstituirnos y planear la distribución de nuestros pesos de una forma distinta. Una cosa es la carga, otra la recarga y, una muy diferente; la sobrecarga. La lección: cuidado con el “autoaplastamiento”. 

Aprendamos de los músculos y sus temblores.
21/05/2020

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El portarretrato

Hoy recibimos un portarretrato. La portada es la brillante sonrisa que nos heredó la abuela, quien a inicios del calendario partió de esta dimensión tras cumplir con entereza todas sus tareas. Verla nuevamente me causó un sacudón ocular y mental. En su mirada hay tanta fuerza y delegaciones que no puedo evitar notarla con los ojos del aprecio, el amor y, también, del compromiso. Elegimos el color más cálido para su portador de retrato. La ubicamos en un puesto de honor en la sala de estar de casa y ahora siempre que debo salir la veré. Cuando paso me mira con confianza, la misma que ella me tiene en que ponderaré siempre con solidez sus enseñanzas. Cuando despedimos a la abuela el día del funeral, ante todos los presentes, dije orgulloso que ella vive en mí. Ahora estoy feliz de que ella esté también con nosotros, mirándonos en casa.

Bienvenida, mi Fanny.
20/05/2020

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Al aire

Tengo una meticulosa sensación cada vez que estoy al aire en la radio local. Mientras vocalizo y trato de ponerle sentido a las palabras que digo, imagino cómo algunos preciosos artilugios del siglo pasado convierten ese sonido en ondas hertzianas que se enquistan en receptores y suenan hasta donde esté el alcance y la potencia de la señal. Estar al aire es lo más semejante a volar, pero con los pies en la tierra, creo yo. Ahora las nuevas tecnologías nos llevan a cualquier lugar con conexión a internet. Tengo registro de llegar a ser escuchado en más de 165 países y no sé qué haga mi voz por allá ni donde no la entienden. Seguramente acompañará a alguien mientras cocina, o en el baño, mientras hace cualquier otra cosa. Hablarle a un micrófono como si fuera el oído de la persona que más me inspira me envalentona para ponerle algo de tino a la situación; cierro los ojos y sigo recitando. Por eso, la gracia de la radio es que a uno no lo vean, porque, entonces, pierde la magia y el encanto y todo lo que lo pierde, falla al interés.

Sonido, 1, 2, 3…
19/05/2020

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Una frivolidad

Esta publicación está servida en frío, casi con nitrógeno, por lo trivial y personal que es. Amo a las personas tímidas. Creo que son una gran entretención. Descubrir una persona edificada en la cortedad genera interés, emoción, quizás porque se asemeja a leer un libro; a construir a quien creemos, pero sin saberlo a pulso cierto. Los timoratos tienen mucho para contar, por cuanto lo hacen, son experiencias muy agradables. Soy lo contrario a la timidez –tampoco el polo de la extroversión– y siento que hablar con los medrosos exige, propone, a veces genera más emociones que cualquier otra persona, y forja más dudas que solo nuestra consciencia puede resolver. Hay tímidos que lo aceptan; otros que se esconden para justificarse… Unos que bajan la cabeza y otros que no desean tener una. Pero que nunca pase como decía Schopenhauer, porque quien pide con timidez, invita de una vez a que se lo nieguen.

Da el pasito.
18/05/2020

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